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Costumbres islámicas reviven en España como respuesta al calor extremo

mares30 - agosto 18, 2025

En Sevilla, una de las ciudades más calurosas de Europa, resurgen soluciones inspiradas en la herencia andalusí para mitigar los efectos del cambio climático. Entre ellas destaca el qanat, un sistema de origen persa introducido durante los califatos musulmanes en la península ibérica, que captura el aire caliente, lo enfría con agua subterránea y lo libera de forma natural a través de respiraderos, reduciendo la temperatura en espacios cerrados. Investigadores de la Universidad de Sevilla han logrado demostrar que este principio puede rebajar de 38 a 27 grados en pleno verano, evocando el ingenio con el que el islam dejó huella en la arquitectura y en la gestión del agua.

 

Las soluciones de raíz islámica- según reportaje del diario americano New York Time- se complementan con medidas tradicionales de la vida cotidiana andaluza. Los toldos blancos que cruzan las calles estrechas, las paredes gruesas de los edificios históricos y las persianas selladas que sumen los hogares en penumbra, forman parte de un saber transmitido por generaciones para enfrentarse a los veranos abrasadores. La siesta, tan característica del sur, responde también a la necesidad de ajustar el ritmo de vida al sol implacable.

 

Los avances tecnológicos intentan ahora actualizar esta sabiduría ancestral. El Hospital Virgen del Rocío de Sevilla ha implantado un sistema sostenible que enfría quirófanos y salas de hospitalización mediante agua fría que circula por tuberías y cortinas de malla rociadas. Un método moderno que recuerda el mismo principio de enfriamiento por agua que inspiraba a los ingenieros andalusíes hace siglos.

 

Pero el calor no solo exige soluciones técnicas, sino también sociales. Sevilla organiza programas de salud preventiva: enfermeras visitan a ancianos para explicarles cómo evitar golpes de calor y las ambulancias están preparadas para actuar con rapidez. El Instituto de Salud Carlos III estima que unas 1300 personas mueren cada año en España por las altas temperaturas, lo que obliga a extremar la atención sobre los más vulnerables.

 

El sector laboral también se adapta. El gobierno ha respaldado la reducción o suspensión de las jornadas de trabajo al aire libre cuando se activan alertas de calor, mientras agricultores como los de Brenes cambian cultivos y horarios para sobrevivir al sol. Incluso en la construcción se multiplican los descansos bajo sombrillas para proteger a los trabajadores.

 

La vida cotidiana se desplaza hacia la noche. Los niños juegan en parques a medianoche y los mayores se reúnen en plazas después de las diez, cuando el calor cede. Como señala una sevillana de 93 años, “antes de esa hora sería como morir en la calle”. Una frase que refleja cómo la tradición, la herencia islámica y la adaptación moderna se combinan para enfrentar un verano que ya no da tregua.

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