19 junio 2026 / 23:01

La Casa del Periodismo

Cuando el lector lee fuera del texto: sociología de la recepción del artículo «Deconstrucción de las narrativas españolas sobre al-Ándalus»

Mares 30 - junio 5, 2026

Comentarios críticos sobre las narrativas históricas

 

Mohamed El-Madkouri (UAM)

 

El diario Hespress tuvo la amabilidad de publicar una entrevista en torno a mi intervención titulada «Deconstrucción de las narrativas españolas sobre al-Ándalus y advertencia sobre el vacío digital», publicada el 10 de abril de 2026 por la periodista Amal Guenine. Era previsible que este tema, dada su naturaleza compleja y la intersección entre historia, identidad y política digital, suscitara un amplio debate entre los lectores.

 

Sin embargo, la lectura de los comentarios que acompañaron el artículo no solo permite medir el grado de interés generado, sino que revela —y esto es lo más importante— diversos modos de recepción que merecen un análisis independiente.

 

Cuando un texto pasa del ámbito académico al espacio público deja de ser leído como una construcción conceptual argumentada y acabada, y se convierte en objeto de interpretación, reformulación e incluso de proyecciones previas. Por ello, el análisis de los comentarios resulta tan relevante como el análisis del propio texto de partida, ya que pone de manifiesto las representaciones colectivas de la historia y del conocimiento.

 

Como investigador y docente interesado en el análisis crítico del discurso, tanto de los textos periodísticos como de sus márgenes y comentarios, me llamó la atención la naturaleza de las reacciones publicadas por los lectores y lectoras. Se trata de un fenómeno saludable de interacción pública, aunque predominara claramente la voz masculina sobre la femenina.

 

1. Los comentarios arabistas o amaziguistas de carácter esencialista

 

Se trata de comentarios que parten de una premisa previa según la cual al-Ándalus fue necesariamente árabe y el Marruecos islámico necesariamente árabe; por tanto, cualquier referencia al componente amazigh o marroquí sería una forma de “amaziguización forzada” o una apropiación indebida de lo que se considera exclusivamente árabe u omeya.

 

Este tipo de comentarios no discute hipótesis ni argumentos, sino que expresa una certeza identitaria preconcebida y convierte la lengua en el único criterio determinante de la identidad civilizatoria. Todo se convierte en la lengua como único vector de la identidad.

 

Por otro lado, encontramos comentarios de signo contrario que buscan reivindicar la dimensión amazigh, mora o marroquí de la historia andalusí. Sus autores recuerdan que los contactos de los pueblos del actual Marruecos con la península ibérica precedieron al islam en determinados contextos mediterráneos y subrayan el papel decisivo de los amaziges tanto en la conquista como en la defensa de al-Ándalus.

 

Este segundo grupo también se mueve dentro de un horizonte ideológico-identitario que pretende “corregir” una narrativa arabocéntrica y, en ocasiones, cae en una reacción simétrica y opuesta.

 

Ambas posturas confunden la dimensión étnica con la civilización, reduciendo esta última a la lengua utilizada en la escritura, la administración o la toponimia. Según esta lógica, si el árabe fue la lengua de la cultura y del poder, entonces la civilización sería necesariamente árabe en sentido étnico; por el contrario, si Marruecos era amazigh antes de la llegada de los árabes, no podría ser otra cosa que amazigh.

 

Se trata de una confusión frecuente entre la lengua de la civilización, el origen de las poblaciones y la compleja estructura histórica de las sociedades.

 

Estos comentarios identitarios e ideologizados tampoco discuten realmente el contenido publicado, sino que proyectan sobre él debates políticos contemporáneos, vinculando el tema, incluso, con la política internacional española o introduciendo cuestiones relacionadas con Estados Unidos o Israel, en su guerra contra Irán, alejadas del contenido principal de la entrevista.

 

También aparecieron comentarios centrados en la escuela y la memoria nacional marroquí. Algunos lectores plantearon una cuestión pertinente: ¿por qué la historia amazigh antigua de Marruecos no ocupa el lugar que merece en la enseñanza? ¿Por qué la historia anterior al islam o a la conquista sigue estando ausente de los relatos escolares?

 

Aunque estos comentarios no abordaban todos los aspectos de la entrevista, sí señalaban uno de los problemas fundamentales de la memoria nacional marroquí: su carácter selectivo en la construcción de la narrativa histórica, especialmente en el contexto poscolonial.

 

La entrevista no pretendía alimentar una disputa interna entre identidades árabes y amazighes. Su objetivo era analizar las corrientes existentes en la historiografía española sobre al-Ándalus: desde quienes la consideran (Sánchez Albornoz) un cuerpo extraño a la España “auténtica”, hasta quienes lo entienden como parte constitutiva de su propia historia nacional (Américo Castro).

 

Sin embargo, gran parte de los comentarios trasladó el debate desde la crítica de algunas narrativas historicistas en el ámbito español hacia la polarización identitaria local.

 

2. El carácter complejo de la historia marroquí y andalusí

 

La entrevista no presentaba la historia desde una lógica de pureza étnica o identitaria bipolar. Al contrario, defendía la interacción, la mezcla y las alianzas políticas que trascendían las pertenencias religiosas, además de cuestionar mitos simplificadores como la idea de la Reconquista entendida exclusivamente como una guerra religiosa. De hecho hubo alianzas entre reinos musulmanes con reinos cristianos, contra sus hermanos musulmanes. Y viceversa, reino cristianos aliados de reinos musulmanes, contra sus hermanos católicos.

 

Muchos comentarios, sin embargo, se alejaron de esta temática y reprodujeron nuevamente la lógica de la pureza: para unos, al-Ándalus era exclusivamente árabe; para otros, exclusivamente amazigh. El texto precisamente intentaba desmontar este tipo de clasificaciones rígidas. La realidad era compleja: amazigh, árabe e ibérica.

 

Asimismo, la entrevista no utilizaba la arquitectura como prueba étnica, sino como evidencia de una configuración histórica específica. El agua está compuesta por hidrógeno y oxígeno, pero constituye una realidad distinta de sus elementos básicos. Igualmente, el espacio andalusí surgió de una combinación histórica compleja que generó una realidad nueva.

 

Por ello, cuando alguien rechaza la distinción entre arquitectura hispano-magrebí y arquitectura oriental, o considera que dicha distinción implica negar la influencia omeya, está ignorando precisamente esa síntesis histórica característica de al-Ándalus. La entrevista no negaba la influencia oriental, sino que insistía en la existencia de un sistema arquitectónico propio desarrollado en el occidente islámico y en al-Ándalus, irreductible a un único modelo oriental. La aportación del Magreb y de la Península es inegable.

 

Curiosamente, la cuestión central del vacío digital, presente también en la entrevista, apenas suscitó debate. Quizá porque carece de carga ideológica o porque constituye un tema relativamente nuevo para el que todavía no se dispone  de un marco de referencia consolidado.

 

Y ahí reside una paradoja reveladora: el mensaje más actual y estratégico de la entrevista —la advertencia sobre el vacío digital marroquí y sus consecuencias para la inteligencia artificial y la construcción de las narrativas del futuro— recibió una atención limitada. Los lectores parecieron sentirse más atraídos por el componente identitario, más polémico, descuidando el aspecto estratégico, mucho más decisivo a largo plazo.

 

3. De la impresión subjetiva al argumento

 

Una parte importante de los comentarios se limitó al rechazo o a la simplificación, condicionada por las convicciones ideológicas, políticas o identitarias de sus autores. Sin embargo, existió un grupo reducido de comentarios que merece especial atención por aproximarse a lo que podríamos denominar una discusión científica o cuasi científica.

 

Estos lectores intentaron analizar las conclusiones de la entrevista desde la perspectiva del método, la objetividad y los instrumentos de comparación histórica, en lugar de hacerlo desde la identidad o la impresión inmediata.

 

Algunos interpretaron erróneamente que la entrevista pretendía negar el papel de los árabes, de los omeyas o de la lengua árabe en al-Ándalus. Nada de eso figuraba en el texto. Lo que se afirmaba era algo diferente: reducir la llegada del islam a al-Ándalus a una simple llegada de los árabes constituye una simplificación histórica engañosa, ya que la dimensión marroquí y amazigh forma parte estructural de esa historia.

 

Entre estos comentarios hubo quienes señalaron que comparar la tolerancia islámica con la violencia colonial europea podía implicar una carga valorativa previa, acercando el discurso a la evaluación moral más que al análisis histórico estricto. Se trata de una objeción legítima, pues plantea una cuestión epistemológica fundamental: ¿estamos describiendo hechos históricos o formulando juicios de valor?

 

La relevancia de este tipo de comentarios no reside únicamente en la pregunta que plantean, sino en la manera en que la formulan.

 

Puede distinguirse aquí entre dos niveles:

 

a) Crítica general al tono o al lenguaje

En este nivel, el comentarista se limita a señalar que el discurso parece emocional o parcial.

 

Por ejemplo: «No puede hablarse de una tolerancia islámica absoluta; esa afirmación es una generalización anticientífica».

 

La observación es pertinente, pero resulta insuficiente si no responde a preguntas fundamentales:

 

– ¿Qué entendemos exactamente por tolerancia?

– ¿Cuál es el marco comparativo utilizado para evaluarla?

 

Se trata de una crítica correcta en su orientación, pero incompleta desde el punto de vista metodológico.

 

b) Crítica metodológica que reconstruye el argumento

 

Este es el nivel más maduro. Aquí el comentarista no se limita a discrepar, sino que propone un marco alternativo de análisis.

 

Por ejemplo: «La comparación entre al-Ándalus y el colonialismo europeo moderno exige una delimitación temporal y conceptual precisa, ya que se comparan un sistema imperial premoderno y una estructura colonial moderna basada en el Estado-nación, el capitalismo y la racialización».

 

En este caso se pasa de la mera impresión subjetiva a la reflexión sobre las condiciones mismas de la comparación: el tiempo histórico, los conceptos utilizados, la naturaleza del Estado y la estructura económica. Ese es precisamente el núcleo del trabajo académico.

 

4. El comentario y el método

 

La importancia de este tipo de intervención reside en que transforma la pregunta «¿estás a favor o en contra?» en otra mucho más profunda:

¿Cómo se ha construido esta idea y sobre qué bases puede aceptarse o rechazarse?

 

Ese cambio distingue el debate ideológico de la discusión científica.

 

Cuando un lector cuestiona el uso del concepto de «tolerancia islámica», está invocando implícitamente una serie de preguntas metodológicas:

 

– ¿Se trata de un concepto históricamente definido o proyectado desde el presente?

– ¿Se utiliza como descripción relativa respecto a contextos contemporáneos o como juicio absoluto?

– ¿Se distinguen adecuadamente los distintos periodos y espacios históricos?

 

Aunque estas cuestiones no siempre aparezcan formuladas explícitamente, constituyen la estructura intelectual subyacente a dichos comentarios.

 

5. La crítica de la crítica

 

Tampoco conviene sobrevalorar este tipo de comentarios, pues algunos incurren en una paradoja: exigen rigor metodológico mientras reproducen generalizaciones similares a las que denuncian.

 

Por ejemplo, afirmar que la referencia a los genocidios coloniales europeos es una apreciación emocional exige igualmente precisión: ¿se habla de hechos documentados en América, Filipinas o determinadas regiones africanas, o de una caracterización genérica que requiere matices?

 

Sin esa precisión, la crítica corre el riesgo de convertirse ella misma en una generalización.

 

Por ello es necesario distinguir entre:

 

– El nivel de los hechos y acontecimientos, donde puede hablarse de políticas de exterminio, discriminación o tolerancia en distintos grados.

 

– El nivel de la explicación y la interpretación, donde las lecturas varían según los marcos teóricos, religiosos, políticos e ideológicos de quienes las elaboran.

 

6. El discurso entre el juicio de valor y el análisis

 

Al volver sobre la cuestión de la situación en al-Ándalus, resulta evidente que la referencia a la tolerancia no pretendía formular un juicio moral absoluto, sino establecer una comparación implícita entre diferentes modelos históricos de gestión de la diversidad religiosa y cultural.

 

No obstante, en el ámbito periodístico, sometido a las limitaciones de espacio y de inmediatez, este tipo de matices suele perderse. Lo que originalmente era una interpretación condicionada y relativa puede ser recibido como una afirmación absoluta.

 

Por ello, la comparación entre la experiencia andalusí y otras experiencias islámicas, así como con las colonizaciones británica, española y portuguesa en América, Australia, Nueva Zelanda o Filipinas, requiere una delimitación metodológica rigurosa.

 

Desde una perspectiva pedagógica, conviene recordar que cuando un texto producido en un contexto académico pasa al espacio periodístico general, pierde a menudo parte de sus cautelas conceptuales y metodológicas.

 

En síntesis, este tipo de comentarios:

 

– Es el más valioso desde el punto de vista científico, porque se ocupa del método y no solo de las conclusiones.

 

– Suele quedar incompleto cuando no define conceptos, no precisa comparaciones ni propone explicaciones alternativas.

 

– Revela una doble necesidad: por un lado, que los lectores dispongan de herramientas más rigurosas para analizar la historia; por otro, que exista una mejor mediación entre el discurso académico y el discurso público, cargado de elementos identitarios, ideológicos y políticos.

 

La respuesta más razonable a estos comentarios sería recordar que la referencia a la tolerancia no constituye un juicio moral absoluto, sino una descripción relativa dentro de un contexto histórico concreto. Al mismo tiempo, tampoco es posible vaciar la historia de toda dimensión valorativa en nombre de una supuesta neutralidad absoluta, pues toda escritura histórica opera dentro de un horizonte interpretativo determinado.

 

El desafío no consiste en eliminar los valores, sino en ser conscientes de ellos y someterlos a control crítico.

 

En este sentido, las observaciones de los lectores, cuando se formulan con claridad metodológica, no debilitan las tesis defendidas; por el contrario, contribuyen a reforzarlas, profundizarlas o corregirlas, trasladando el debate del terreno de los eslóganes al de los conceptos.

 

Conclusión

 

Una primera clasificación de las reacciones permite distinguir cuatro tipos principales:

 

– Recepción favorable: identifica la idea central del artículo, especialmente la necesidad de recuperar la narrativa marroquí en el espacio digital y comprender que la batalla por la memoria ya no se libra solo en los libros, sino también en las plataformas y algoritmos.

 

– Recepción desplazadora: rechaza el interés por la historia argumentando que el futuro merece mayor atención. No discute la tesis, sino la legitimidad misma del tema.

 

– Recepción identitaria reduccionista: la más frecuente. Reduce al-Ándalus a una única narrativa —árabe, islámica u otra— ignorando la complejidad histórica que el artículo intentaba destacar, especialmente la especificidad del espacio hispano-magrebí.

 

– Recepción crítica metodológica: la más importante pese a ser minoritaria. Cuestiona determinadas conclusiones desde la perspectiva del método, como la comparación entre la tolerancia islámica y la violencia colonial europea, considerando que requiere una mayor precisión conceptual y analítica.

 

Esta última forma de recepción es, sin duda, la que ofrece mayores posibilidades para un diálogo intelectual productivo y para una comprensión más rigurosa de la historia.

 

 

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