19 junio 2026 / 23:14

La Casa del Periodismo

DIÁLOGO ENTRE HUMANISTAS: Mohamed El-Madkouri y Francisco Marcos Marín (1/2)

Mares 30 - marzo 13, 2025

 

Mohamed El-Madkouri y Francisco Marcos Marín

 

En estos diálogos cuyos resultados se publicarán mensualmente en Mares30, los profesores Mohamed El-Madkouri y Francisco Marcos Marín, desde España y Estados Unidos, respectivamente, charlan por escrito y a distancia, como lo hacían en los despachos de la Universidad Autónoma de Madrid, en casa del “director” o en los restaurantes madrileños, sobre cuestiones relacionadas con la lingüística, la cultura, la historia y las representaciones.

 

No se han planteado estar de acuerdo con todo, ni en desacuerdo sobre todo. Las suyas, son reflexiones sinceras entre intelectuales que comparten mucho conocimiento común  y que en algún caso concreto se tenga que hacer de abogado del diablo para enriquecer este debate. Los dos conocen el norte y el sur físicos, pero pueden no compartir sus percepciones sobre asuntos humanísticos relativos a estas divisiones circunstanciales.

 

De hecho, la actual división binaria del mundo, entre Norte Global y Sur Global, no deja de ser arbitraria, como lo fue la anterior, tripartita, que fraccionaba el mundo entre primero y tercero de los cuales se hablaba casi en exclusiva ¿Cuál era el segundo mundo silenciado? Es el desaparecido, la Unión Soviética, para dejar su lugar desocupado y convertir, por tanto, esa tradicional división en obsoleta. Por ello, las fronteras son líquidas entre estas divisiones y sobre todo entre estos dos autores. Los constructos simbólicos se entremezclan en sus ciclos formativos y en sus representaciones cognitivas.

 

Lengua, identidad y sentimiento de pertenencia a una comunidad

 

A lo largo de varias semanas, Francisco Marcos Marín, profesor emérito de la Universidad de Tejas en San Antonio, y Mohamed El-Madkouri, profesor titular de la Universidad Autónoma de Madrid, han mantenido una conversación electrónica sobre la relación entre lenguas e identidad, sobre todo desde el punto de vista del español y el árabe. Se recogen a continuación los puntos destacables de este intercambio de opiniones.

 

Mohamed El-Madkouri:

 

¿Cuál es la situación actual del español en el mundo?

 

Francisco Marcos Marín:

 

Mejor que hablar de la situación del español en el mundo, podría hablarse de la situación de la lengua en distintas facetas o aspectos. Desde el punto de vista demográfico, con una cifra en torno a los seiscientos millones, está claro que es una lengua potente. También lo es como segunda lengua o lengua de estudio y comunicación (en sociedades bilingües, como los Estados Unidos o Canadá), con unas cifras que no andan muy lejos de los doscientos millones. Estas dos situaciones se refuerzan con el hecho de que el español es una lengua sumamente coherente, con un léxico común en su amplia área geográfica que supera el 9,2%. Esto se debe a su condición de lengua monocéntrica, dotada de un organismo coordinador, la ASALE, Asociación de Academias de la Lengua Española, que publica el Diccionario de la Lengua Española, que tiene valor definitorio y probatorio en los tribunales de justicia.

 

Otro aspecto positivo del español es su presencia en el mundo de la música y la canción, donde aparece regularmente en su condición de superventas. Un número de hablantes en todo el mundo, difícil de determinar, canta en español, aunque no lo hable. La gota negra es el lenguaje de la ciencia y la técnica, donde el español ocupa una posición relegada. Incluso en los países hispanohablantes puntúa más un trabajo científico en inglés que en español. Las humanidades se desmarcan; pero en ciencias sociales es ya grande la producción en inglés.

 

Mohamed El-Madkouri:

 

Sin embargo, se observa que la política lingüística española en el extranjero, en comparación con otras naciones del entorno, adolece de dos limitaciones que deben someterse a examen:

 

La primera es la institucionalización a ultranza de la lengua y de su enseñanza separándola de la cultura y de los demás aspectos sociohistóricos que la acompañan. Tomemos un ejemplo: La Consejería Cultural española en un país como Marruecos así como los distintos institutos Cervantes están haciendo una labor magnífica en cuanto a la respuesta al deseo de muchos marroquíes, incluidas las tradicionales élites francófonas, en aprender el español. En este caso, son las instituciones diplomáticas y oficiales españolas las que corresponden a esta demanda lingüística privada y personal de los marroquíes que desean comunicarse en esta lengua.

 

Sin embargo, se está todavía lejos de rivalizar con lenguas tradicionalmente hegemónicas, aunque menos deseadas, como el francés. El español no supo aprovechar este resentimiento africano antifrancés en su favor. Tampoco puede rivalizar con el inglés por razones obvias. De hecho, hace menos de un quinquenio que los letreros e información de los aeropuertos marroquíes han sustituido, en su material escrito visual, el francés por el inglés. Todo ello, sin romperse aún el cordón umbilical entre lo francés y las élites políticas, económicas, culturales y universitarias tradicionales marroquíes.

 

Francisco Marcos Marín:

 

Personalmente, soy poco partidario de las luchas entre idiomas románicos, quizás porque me siento cómodo con ellos. Francia y España han tenido sus papeles en la historia del Magreb y han gozado de posibilidades políticas y económicas muy distintas de manejar su influencia. No soy un especialista en ese tema, que me parece podría quedar para una posible conversación futura sobre el concepto de orientalismo y su muy distinta aplicación en España y Francia.

 

Mohamed El-Madkouri:

 

Todo depende del punto de vista. La Historia siempre se ha escrito de maneras distintas. Es una cuestión de poder. Ahora bien, si vamos más allá de las instituciones españolas, observamos que el español en los institutos marroquíes va desapareciendo. El que suscribe ha estado en el tribunal de una tesis doctoral en la Universidad de Almería, de un profesor marroquí de instituto que ha pasado sus últimos seis años sentado en su horario de lectivo, en la sala de profesores, porque ningún estudiante de la región de Demnat se matricula para estudiar español. En los departamentos de español de las universidades marroquíes, aunque ahora son más numerosos, faltan alumnos.

 

De hecho en este curso 2024-2025 solo asisten seis estudiantes en los estudios superiores de traducción en la prestigiosa Escuela de Traducción en Tánger. Decir que es un problema de los marroquíes, es algo simplista. Se trata de espacios estratégicos de los cuales otros se apropian.

 

Francisco Marcos Marín:

 

El descenso de las matrículas libres en lenguas se observa en muchos países y es un tema de preocupación también aquí, en los Estados Unidos. Quizás hoy hay otros muchos modos de estudiar lenguas y la enseñanza oficial, al ser más exigente, se deja de lado.

 

Mohamed El-Madkouri:

 

La segunda es la política de los visados del Estado español, no solo con el norte de África, sino que es una tendencia generalizada a casi la totalidad de los países del Sur global. Parece ser que el estudiante que quisiera proseguir sus estudios en España o el profesor, aunque sea universitario, que quisiera acudir para investigar o asistir a algún congreso, se considera como un proyecto de emigrante ilegal.

 

Esto sí que contrasta diametralmente con la política de visados de algunos otros países de la Zona Schengen. Es el caso, por ejemplo, de un doctorando, profesor de la universidad de Argelia-02, Bouzareah, que, para acudir a la Universidad Autónoma de Madrid, entraba con un visado francés hasta que se le comunicó -según me comentó en su día- que si el visado es francés debía aterrizar en algún aeropuerto de dicho país. Desde entonces no volví a tener noticias directas de él. Habría trasladado seguramente su investigación al país galo. Miles de estudiantes magrebíes sobrevuelan el territorio español para estudiar más allí, incluida Holanda, Ucrania, Bulgaria o Rusia, que no tienen ninguna relación colonial con el Magreb. Supongo que este tema, visto desde los estamentos políticos, sería más complejo.

 

Francisco Marcos Marín:

 

No es posible discutir observaciones desde ejemplos aislados. Habría que disponer de estadísticas bien hechas para confirmar esa situación. En todo caso, es un problema administrativo, en el que los profesores poco podemos hacer.

 

Mohamed El-Madkouri:

 

Algunos investigadores, incluso españoles, dicen que el español es una lengua pluricéntrica. ¿Por qué usted discrepa?

 

Francisco Marcos Marín:

 

En realidad, los que discrepan son ellos, por dos razones, una terminológica y otra política. La terminológica se debe a que confunden la existencia de variantes y el respeto que desde la fundación de la RAE (1713) se tuvo a la variación, con el hecho de que haya una nueva actitud en la gramática y en el diccionario, más abierta y tolerante. Que existan variantes y se recojan es distinto de que haya centros que den sus propias normas, distintas de las de la ASALE. El portugués, por ejemplo, es una lengua pluricéntrica, con un centro en Portugal y otro en Brasil, cada uno de los cuales tiene sus propias normas ortográficas. Eso no ocurre en el español. Sólo hay una ortografía, aunque las diferencias fonéticas entre las distintas áreas lingüísticas puedan ser grandes.

 

La razón política es más triste, porque es un ejemplo de deslealtad lingüística. Desde la independencia de los países hispanoamericanos hay una serie de potencias, como Alemania, Francia, Reino Unido o Estados Unidos, más alguna menor, como Italia, que han tratado de fomentar la división del español en distintas lenguas nacionales, en su propio beneficio. En esto incidió también la Unión Soviética, se mantiene en el marxismo y actualmente es parte de la cultura woke.

 

Está claro que veinte países americanos con veinte lenguas distintas, sin capacidad de intercomprensión, son presa fácil de los intereses comerciales de esas potencias. Lo triste es que haya lingüistas hispanohablantes nativos, de distintos países, que, posiblemente por intereses personales profesionales, económicos, se plieguen a esta postura disgregadora.

 

Mohamed El-Madkouri:

 

Efectivamente puede que se trate de razones políticas y de falta de lealtad lingüística para estos proyectos de fragmentación lingüística -incluso política en muchas ocasiones- para hacer ver diferencias esencialistas, donde sólo hay variantes de una misma lengua.

 

Sin embargo, esta defensa de unidad lingüística pocas veces la vemos aplicada, con estos mismos criterios a la lengua árabe por ejemplo. De hecho, donde se perciben elementos de unión para lenguas como el español, el inglés, el francés o el alemán, se perciben “argumentos sólidos” para configurar entidades distintas para la lengua árabe. Las diferencias lingüísticas y los argumentos aducidos para explicar el pluricentrismo tampoco se yerguen de forma explícita y pública para justificar la existencia de un angloinglés, un anglocandiense, un angloamericano (con todas sus diferencias de sur a norte y de este  a oeste), un angloaustraliano (con el mismo panorama que el anterior) un angloneozelandés, sin hablar, por supuesto, de otras variantes como el anglonigeriano, etc. Cuando se habla del inglés, se habla de un todo homogéneo, y no hablemos del alemán en sus distintas manifestaciones diatópicas y nacionales que sí implican, por no decir dificultan la intercomprensión de hablantes de distintas zonas. Sin embargo, y a pesar de ello, se presentan y representan estas lenguas como entes homogéneos y solidarios.

 

Francisco Marcos Marín:

 

No es así, el inglés es una lengua pluricéntrica, con variantes aceptadas y reconocidas por diversos centros de normalización lingüística. En el caso del alemán, habría que distinguir entre la lengua de comunicación culta y escrita, monocéntrica, y los dialectos hablados. Puedo citar un ejemplo concreto de un profesor al que le dijeron: “Se nota que es usted extranjero, porque habla muy bien el alemán”. Querían decir, simplemente, que no hablaba ningún dialecto. También sucede con el italiano.

 

Mohamed El-Madkouri:

 

El caso es diferente -y aún más grave- cuando se habla del árabe, que se presenta como un conglomerado artificial complejo, diverso, heterogéneo y falto de intercomprensión. Cuando así se argumenta no se piensa que los árabes, desde el golfo hasta el Océano, canturrean letras de canciones como la tradicional Um Kaltum, Mayyada El Hannawi, Fairuz, Abdelwahab Doukkali, Naima Samih,… o actuales como los Mawales iraquíes o libaneses… Tampoco piensan que orientando la antena parabólica -en hogares humildes- se pueden sintonizar canales a miles de kilómetros para enterarse de situaciones candentes como las que se viven en Oriente Medio.

 

Francisco Marcos Marín:

 

La situación del árabe no es comparable. En primer lugar, porque hay dos modelos de lengua culta, la religiosa o coránica, monocéntrica, y la del árabe estándar o literal o común, como se quiera, que es una lengua pluricéntrica. Y no se diga que la primera no tiene uso. Mi frutero de Jerusalén, por ejemplo, tenía puesto el canal alcoránico de radio todo el día y, desde luego, no era el único. Aunque llegamos a tener una buena relación, nunca le pregunté en qué medida el modelo alcoránico, que oía constantemente, influía en su modo de hablar. Ésa es una investigación que puede hacer mejor un musulmán.

 

Mohamed El-Madkouri:

 

Cierto, pero si se aducen argumentos políticos y éticos para explicar los deseos de la fragmentación del español, es comprensible que muchos estudios lingüísticos, bajo el barniz de objetividad, vayan más allá de la ecuanimidad y frialdad poco emotiva de la investigación, para aducir los mismos argumentos, en este caso asumidos, para determinar que la lengua árabe son en realidad “lenguas árabes”. Aquí, la variante se eleva al rango de la lengua. En este caso, del árabe estándar trasnacional.

 

Aplicado al español, es como si se quisiera que un vecino de algún pueblo remoto de Badajoz o de Sevilla se entendiera con su homólogo en otro pueblo igual de remoto en Cuba o en República Dominicana. Al no lograrse dicha intercomprensión habría, si se pensara en lo que se dice del árabe, en instaurar el extremeño del pueblo de Badajoz y el andaluz del pueblo Sevillano como lenguas normativas capaces de soportar contenidos de matemáticas, física e informática. Pues es esto lo que se propone, y a veces se exige que los árabes hicieran con sus variantes lingüísticas.

 

Francisco Marcos Marín:

 

El vecino de algún pueblo remoto de Badajoz o de Sevilla se entiende con su homólogo en otro pueblo igual de remoto en Cuba o en República Dominicana tras una breve período de prueba y corrección. En mi experiencia he comprobado, en casos de ese tipo, que media hora suele ser suficiente. No es el caso en árabe, en ese grupo social. Entre gente con estudios, las transiciones son posibles; pero con mayor esfuerzo.

 

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