Soukaina Aboudrar
El pasado sábado tuvo lugar en Perú una reunión entre el mandatario chino, XI Jinping y Joe Biden, presidente de Estados Unidos al margen de la 31ª Reunión de Líderes Económicos del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC).
América Latina se ha convertido en el escenario del pulso económico entre Estados Unidos y China.
El pasado jueves, el gigante asiático inauguró en el país peruano el megapuerto de Chancay. Es el primero puerto comercial controlado por China en América Latina Por su parte, Biden anunció ayer una donación de 65 millones de dólares para Perú en los próximos cinco años.
Las inversiones chinas en Perú son una buena ocasión que permite a Xi Jinping dejar claro no solo a los peruanos, sino a todos los países sudamericanos, que China es una fuerza de estabilidad frente a la continua incertidumbre de Trump.
Considerando América Latina como su zona de influencia, Estados Unidos sigue de cerca y con cautela la creciente competencia China a las puertas de su casa.
El enviado especial de la Casa Blanca para América Latina, Brian Nichols pidió a los países latinoamericanos que garanticen que las inversiones de China en su continente respete “las leyes locales” y proteja “los derechos humanos y el medio ambiente”.
La posición geográfica de Perú hace que ambas potencias mundiales se interesen por el país y desplieguen su fuerza geopolítica en la zona. Puerta hacia el Asia-Pacífico, tanto China como Estados Unidos quieren asegurar su presencia y control de una zona tan estratégica y crucial en la lucha para reformar (o mantener) el orden mundial.
Con la victoria de Trump y su toma de posesión en enero, Biden y Xi Jinping se reunieron por última vez en Perú, donde el mandatario chino aseguró que Beijing “está listo para trabajar con un nuevo gobierno estadounidense”.
El discurso proteccionista de Trump preocupa a China, aunque el gigante asiático parece no doblegarse jamás ante las amenazas del magnate estadounidense. Ya lo vimos durante el mandato de Trump: con cada subida de impuestos, China respondía en menos de 24h con las mismas medidas.
Durante sus encuentros en la Cumbre Anual, Biden y Xin insistieron del rumbo que debe seguir tomando la relación entre ambos países.
Xinua, la agencia oficial de noticias del gobierno chino, ha publicado un artículo donde resume los puntos tratados en las conversaciones entre los dos jefes.
En este sentido, el mandatario chino llamó a seguir la misma ruta que han tomado las relaciones entre EE.UU y China durante los últimos cuatro años e inspirarse en ellas. Xi subrayó que hoy no se puede librar una nueva Guerra Fría ni puede ganarse, dejando claro que China tampoco se doblegará a las exigencias de nadie: “Contener a China es imprudente, inaceptable y está destinado al fracaso”.
También llamó a los estadounidenses a cumplir sus promesas, tal como hace China: “Si la parte estadounidense siempre dice una cosa, pero hace otra, perjudicará su propia imagen y socavará la confianza entre China y Estados Unidos”.
Dejó claro que no hay lugar a los chantajes ni amenazas entre los dos países, en una poco menos que clara referencia a la retórica proteccionista del nuevo presidente: “ni China ni Estados Unidas deberían de […] reprimir al otro desde la llamada posición de la fuerza o privarlo del legítimo derecho al desarrollo para mantener su estatus de liderazgo”.
El mandatario chino llamó a respetar las “líneas rojas y principios primordiales” de su país, para garantizar el entendimiento entre ambos. Entre estas líneas se incluyen: la cuestión de Taiwán, la democracia y los derechos humanos, el camino y el sistema de China y su derecho al desarrollo. “Son cuatro líneas rojas para China y no deben ser desafiadas”, aseguró.
La cooperación entre China y EE.UU. no concierne lo económico, el comercio o la lucha contra el narcotráfico. Xi llamó a una amplia cooperación ante los desafíos globales tales como el cambio climático y la IA. “China y Estados Unidos deben tener siempre presentes el futuro de la humanidad y sus responsabilidades en materia de paz mundial”, expresó el mandatario.
En cuanto a temas candentes como Taiwán, el mandatario dejó claro que las actividades separatistas a favor de la independencia son “irreconciliables como el agua y el fuego”.
Para China, su “seguridad estratégica” es primordial, disipando cualquier duda sobre su predisposición a defenderse si sus intereses fundamentales son amenazados.
También se refirió a temas sensibles como las acusaciones de ciberataques desde China de los que Estados Unidos acusa al gigante asiático. El mandatario aseguró que “no hay ninguna evidencia que respalde esta afirmación irracional” enfatizando que la propia China es víctima de los mismos.
Biden, por su parte, negó cualquier injerencia americana en los asuntos chinos. Repitió la mismo retórica china sobre la buena fe y voluntad de cooperación con el gigante asiático:
“Estados Unidos no busca una nueva Guerra Fría ni cambiar el sistema de China, no intenta revitalizar sus alianzas contra China, no respalda la «independencia de Taiwan», no tiene intención de desatar un conflicto con China y no considera su política hacia Taiwan como una forma de competir con China” ratificó Biden.
Los dos mandatarios recalcaron en el beneficio común, la cooperación, la solidaridad y su interés común por el bien de la humanidad.









