Entrevistado por Toufiq Slimani
El académico e hispanista marroquí Mohamed El–Madkouri Maataoui concede esta entrevista al diario Mares30 en el marco del Proyecto de Ramadán (Entrevistas ramadanescas con hispanistas marroquíes), una iniciativa dedicada a escuchar y dar voz a los hispanistas marroquíes.
A través de un testimonio personal e intelectual de gran densidad analítica, El-Madkouri reflexiona sobre su recorrido con la lengua española, el estado actual del hispanismo en Marruecos, la percepción de España, las carencias institucionales y los desafíos estructurales que afronta el español en un contexto global dominado por otras lenguas. Una conversación que combina memoria, diagnóstico crítico y mirada de futuro, y que contribuye a preservar la trayectoria y el pensamiento de una generación clave del hispanismo marroquí.
1. Primer contacto con la lengua española:
¿Podría describir su primer contacto con la lengua española y los factores —personales, familiares o contextuales— que influyeron en su decisión de estudiarla y dedicarle posteriormente su trayectoria intelectual y profesional?
Mi relación con el español fue, en realidad, fruto de una pura casualidad. No hubo una vocación precoz ni un plan cuidadosamente diseñado. En el instituto me tocó el grupo de español por asignación. Muchos de mis compañeros solicitaron el cambio al inglés, que parecía entonces la opción más “rentable” o más prometedora. Yo, sin embargo, decidí quedarme. No fue un gesto heroico ni estratégico; simplemente opté por continuar donde estaba.
Al terminar el bachillerato, llegó el momento decisivo: elegir carrera universitaria. Estaba profundamente indeciso entre Derecho, Psicología y Lengua y Literatura Española —que era como se denominaban entonces los estudios de español. No lograba resolver la duda racionalmente, así que recurrí a un método casi infantil: escribí las tres opciones en papelitos y decidí sortear una con los ojos cerrados. En la primera extracción salió Español. No satisfecho, repetí la operación. Volvió a salir Español. Lo hice una tercera vez, y por tercera vez apareció Español. En ese momento entendí —o quise entender— que el azar estaba tomando una decisión por mí. Así comenzó todo.
Sin embargo, el inicio no fue sencillo. Aunque en el instituto del Marruecos profundo donde estudié era uno de los mejores alumnos, al llegar a Rabat experimenté un verdadero choque académico y lingüístico. No entendía plenamente a algunos profesores, ni el nivel de muchos compañeros que venían de entornos más favorecidos y con una formación previa mucho más sólida. Fue una etapa de desconcierto, incluso de cierta inseguridad. Pero precisamente ahí empezó el verdadero aprendizaje. Lo que comenzó como casualidad terminó convirtiéndose en convicción, y lo que fue azar se transformó en proyecto de vida.
2. Estado actual del hispanismo marroquí:
Desde su experiencia acumulada en el estudio, la investigación y la docencia, ¿cómo evalúa el estado actual del hispanismo marroquí en términos académicos, institucionales y
de producción intelectual?
Desde mi experiencia en el estudio, la investigación y la docencia —y también como evaluador externo en distintos contextos académicos— considero que el hispanismo marroquí ocupa una posición destacada en el mundo árabe, probablemente la más sólida y estructurada de la región.
He tenido ocasión de evaluar profesorado tunecino y egipcio, y conozco de primera mano el hispanismo en distintos países árabes. Asimismo, he podido observar modelos académicos en contextos europeos diversos: los países nórdicos como Suecia o Finlandia, y espacios de gran rigor como Chequia, Eslovaquia o Eslovenia, por citar solo algunos ejemplos de los 27 hispanismos que conozco. Esa perspectiva comparada me permite afirmar que, en términos de adquisición del español, el hispanismo marroquí es uno de los mejores del mundo árabe en cuanto a dominio del español. Los hispanistas marroquíes escriben -mal o bien- en español, los de otros países lo hacen mayoritariamente en sus propias lenguas.
Esta posición privilegiada tiene raíces históricas claras. La misión cultural y lingüística española derivada del Protectorado dejó una infraestructura educativa y una huella institucional significativa, especialmente en el norte del país. A ello se suma la cercanía geográfica con España, que ha facilitado intercambios constantes y movilidad académica.
Además, durante décadas, la recepción de la radio y la televisión españolas en amplias zonas del norte de Marruecos creó una familiaridad lingüística espontánea que difícilmente se ha dado en otros países árabes. Esa exposición mediática contribuyó a que el español no fuera percibido como una lengua completamente extranjera, sino como una lengua próxima.
El nivel de los estudiantes marroquíes, comparativamente, no está nada mal. Cuando cuentan con una formación exigente y un entorno académico estimulante, muestran una capacidad notable de adaptación y rendimiento. El capital humano existe y es competitivo.
No obstante, es una lástima que en los últimos años se haya observado una disminución en el número de estudiantes interesados por el español, en gran medida debido a la fuerte irrupción del inglés como lengua global dominante. El inglés se percibe cada vez más como la lengua de la empleabilidad inmediata y de la movilidad internacional, lo que ha desplazado parcialmente el interés por otras lenguas.
Paradójicamente, en algunos países europeos nórdicos y del Este que mencionaba anteriormente, el fenómeno es distinto: allí es el francés el que se está debilitando —en algunos casos casi desapareciendo— en favor del español. Es decir, mientras en Marruecos el inglés compite con fuerza creciente, en otros contextos europeos el español se consolida como segunda lengua extranjera de referencia. Esto demuestra que las dinámicas lingüísticas están profundamente condicionadas por factores geopolíticos, económicos y simbólicos.
Donde sí se percibe una fragilidad más estructural es en el ámbito de la investigación. En Marruecos, a diferencia de lo que ocurre en España o en la mayor parte de Europa occidental, la docencia no está orgánicamente vinculada a la investigación. En prácticamente todo Occidente, el profesor universitario es, ante todo, investigador. La evaluación académica se basa fundamentalmente en la producción científica, en proyectos competitivos y en publicaciones indexadas. Puedo afirmarlo no solo como docente, sino también como evaluador en una de las agencias españolas de acreditación, donde el peso de la investigación es determinante.
Esto no significa que en Marruecos no haya investigadores de alto nivel. Los hay, y excelentes, pero son relativamente pocos. Tampoco existen, hasta donde alcanzan mis conocimientos, programas amplios y sistemáticos de proyectos de investigación subvencionados con la regularidad y la financiación que encontramos en países desarrollados.
En síntesis, el hispanismo marroquí dispone de una base histórica sólida, una posición estratégica privilegiada y un capital humano significativo que explican su liderazgo en el mundo árabe. El desafío pendiente no es tanto la docencia, que es digna y competitiva, sino la consolidación de una cultura institucional de investigación y la capacidad de adaptarse a un entorno lingüístico global cada vez más dominado por el inglés, sin perder la especificidad y la riqueza que el español representa en Marruecos.
3. Percepción actual de España: ¿Cómo percibe hoy a España, tanto desde una perspectiva cultural e intelectual como
desde su posición de hispanista marroquí, en un contexto marcado por transformaciones políticas, sociales y geoestratégicas?
En Marruecos, la percepción de España es compleja, matizada y profundamente marcada por la historia, la geografía y la interdependencia contemporánea.
Por un lado, España es vista como un vecino inmediato, accesible y tangible. La proximidad geográfica, la intensidad de los intercambios económicos, los flujos migratorios y la presencia histórica del idioma han generado una familiaridad que no existe con otros países europeos. En amplios sectores de la sociedad marroquí, España es percibida como un país moderno, dinámico y relativamente cercano culturalmente. Para muchos marroquíes, España no es una abstracción europea distante, sino un espacio concreto con el que existe contacto cotidiano, directo o indirecto.
En el plano académico e intelectual, España goza de una consideración respetable. Su sistema universitario está plenamente integrado en el espacio europeo de investigación y mantiene estándares exigentes. En determinadas disciplinas, especialmente en humanidades y ciencias sociales y de la salud, España es vista como un referente serio dentro del mundo hispánico global. Además, sigue siendo un destino atractivo para la formación de estudiantes marroquíes, aunque el creciente peso del inglés esté modificando algunas prioridades lingüísticas.
Sin embargo, esta percepción positiva convive con otros factores que la matizan. La memoria histórica —tanto la vinculada al Protectorado como la relacionada con cuestiones territoriales sensibles— sigue influyendo en determinados sectores. A ello se suma el papel histórico de Francia en la configuración cultural de buena parte de la élite marroquí. Una parte de esa élite, formada en el marco francófono, ha reproducido durante décadas ciertos tópicos franceses sobre España: la idea de una periferia europea, de menor centralidad política o cultural. Esa herencia discursiva ha influido en ocasiones en la manera en que España ha sido interpretada en ciertos círculos intelectuales y administrativos marroquíes.
Al mismo tiempo, la realidad geoestratégica actual ha reforzado la conciencia de que España es un socio estructural para Marruecos. Como frontera sur de la Unión Europea y actor clave en el Mediterráneo occidental, su papel en materia migratoria, energética y de cooperación bilateral es percibido como determinante. Las relaciones hispano-marroquíes no se consideran circunstanciales, sino estratégicas.
En síntesis, Marruecos percibe hoy a España como un vecino cercano y necesario, con el que existe una relación densa y multifacética: cooperación, historia compartida, tensiones puntuales y una interdependencia creciente. La imagen oscila entre la familiaridad cultural, el reconocimiento académico y ciertas inercias discursivas heredadas, pero en conjunto predomina la conciencia de que se trata de una relación estructural en el presente y en el futuro del país.
4. Frustración y realidad institucional:
¿Existe, a su juicio, un sentimiento de frustración entre los especialistas en lengua y cultura españolas en Marruecos ante el nivel de apoyo, visibilidad y dedicación que recibe el español actualmente en las universidades y en los institutos públicos?
Sí, existe un cierto sentimiento de frustración entre muchos especialistas en lengua y cultura españolas en Marruecos, aunque conviene precisar que esto es lo que percibo desde cierta distancia, sin estar plenamente inmerso en las dinámicas cotidianas del hispanismo marroquí. Comparativamente, cuando se observa el funcionamiento de las instituciones vinculadas a la Francofonía, la diferencia resulta evidente. La red francófona dispone de una estructura sólida, continuidad estratégica y un respaldo político claro que articula lengua, economía e influencia cultural. En el caso del español, la situación es más dispersa. No existe una política unificada ni un marco institucional tan cohesionado. Además, el espacio hispánico no se limita a España, sino que incluye a múltiples países latinoamericanos, lo que diluye la acción institucional y dificulta una estrategia conjunta claramente identificable.
A ello se añade un factor interno relevante: una parte significativa de la élite política, cultural, económica y financiera marroquí ha sido históricamente formada en el marco francófono y continúa operando dentro de ese ecosistema simbólico y relacional. Esto influye inevitablemente en las prioridades lingüísticas y en la jerarquización de capitales culturales. Otro aspecto importante es la limitada implicación del sector empresarial marroquí. A diferencia de lo que sucede en muchos países desarrollados, donde las empresas financian proyectos de investigación, cátedras universitarias o programas estratégicos vinculados a lenguas de interés, en Marruecos la colaboración empresarial en el ámbito del hispanismo es prácticamente inexistente. Esta ausencia reduce las posibilidades de consolidar investigación competitiva y proyectos de largo alcance.
En definitiva, más que un declive estructural, lo que se percibe es una falta de articulación estratégica y de apoyo sostenido, especialmente si se compara con el modelo francófono. El potencial académico y humano existe; el reto es dotarlo de mayor cohesión institucional y respaldo estructural.
5. Causas del retroceso o estancamiento del español: ¿Cuáles considera que son las principales razones históricas, políticas, educativas y culturales que explican la situación actual de la lengua española en Marruecos y su pérdida —o estancamiento— de peso relativo frente a otras lenguas extranjeras?
La situación actual del español en Marruecos —más que una pérdida absoluta— responde a un estancamiento relativo en un contexto de fuerte competencia lingüística. Históricamente, el español tuvo una implantación significativa, sobre todo en el norte, pero nunca alcanzó la profundidad estructural del francés, que tras la independencia se consolidó como lengua de administración, economía y élites formadas en el sistema francófono. Esa base institucional sigue siendo determinante.
Políticamente, la Francofonía cuenta con una red cohesionada y estratégica que articula cultura, educación y poder económico. El español, en cambio, depende de un espacio hispánico más disperso y sin una acción institucional unificada comparable.
Educativamente, el avance del inglés como lengua global de ciencia, tecnología y empleabilidad ha alterado las prioridades. Para muchos estudiantes y familias, el inglés y el francés ofrecen perspectivas laborales más claras e inmediatas. La élite marroquí sigue formando a sus hijos principalmente en francés —y cada vez más en inglés— lo que influye directamente en la jerarquía simbólica de las lenguas.
En definitiva, el español mantiene una base académica respetable y un arraigo histórico significativo, pero su peso relativo se ve afectado por la hegemonía del inglés y la solidez institucional del francés en Marruecos.
6. La paradoja Marruecos–España:
¿Cómo interpreta la aparente paradoja entre el notable fortalecimiento de las relaciones políticas, económicas, diplomáticas, comerciales y de cooperación en materia de seguridad
e inteligencia entre Marruecos y España, y la ausencia de un impacto equivalente en las relaciones culturales, educativas y universitarias?
La llamada “paradoja Marruecos–España” puede interpretarse menos como una contradicción y más como el resultado de dos lógicas que no siempre avanzan al mismo ritmo: la lógica estratégica del Estado y la lógica lenta de las dinámicas culturales y educativas.
En el plano político, económico y de seguridad, las relaciones entre Marruecos y España se han intensificado por razones estructurales: interdependencia geográfica, gestión migratoria, cooperación antiterrorista, energía, comercio y estabilidad regional. Son ámbitos donde la urgencia y el interés mutuo generan decisiones rápidas, coordinación institucional y marcos de colaboración claros.
Sin embargo, las relaciones culturales, educativas y universitarias dependen de factores más complejos: voluntad política sostenida, inversión estructural, redes académicas estables y, sobre todo, una visión estratégica de largo plazo. No basta con una buena coyuntura diplomática para que se traduzca automáticamente en programas universitarios, proyectos de investigación conjuntos o movilidad académica ampliada.
Además, existe un cierto desfase simbólico. Aunque la cooperación política sea sólida, el capital cultural no se activa automáticamente. En Marruecos, el francés mantiene una infraestructura histórica fuerte y el inglés avanza como lengua global estratégica. En España, el conocimiento profundo del Marruecos contemporáneo sigue siendo limitado fuera de círculos especializados. Este desequilibrio reduce el impacto cultural recíproco.
También influye la ausencia de una articulación institucional potente en el ámbito académico. La cooperación universitaria requiere financiación competitiva, programas estructurados y continuidad. Sin mecanismos sólidos y sostenidos, las iniciativas quedan muchas veces en intercambios puntuales o acuerdos formales sin gran proyección real.
En síntesis, no hay contradicción entre el fortalecimiento político y la menor intensidad cultural; hay una asimetría de ritmos. La cooperación estratégica responde a intereses inmediatos y concretos; la cooperación cultural y universitaria exige inversión sostenida, visión compartida y una voluntad de construir capital simbólico común. Ese es, probablemente, el terreno donde aún queda margen de desarrollo.
7. Perspectivas de futuro:
En un contexto internacional caracterizado por la hibridez, la inestabilidad y la volatilidad,
¿se declara usted optimista o pesimista respecto al futuro de la lengua española en
Marruecos, y qué condiciones considera necesarias para revertir o consolidar su presencia?
En un contexto internacional marcado por la hibridez, la incertidumbre y la volatilidad, mi postura es prudente, pero no pesimista. El español en Marruecos atraviesa una etapa de reajuste más que de desaparición, aunque es cierto que ha perdido peso relativo en determinados espacios formales.
Es verdad que el español está en retroceso en las universidades y en los institutos públicos, donde compite directamente con el inglés —cada vez más dominante— y con el francés, que conserva una fuerte implantación histórica e institucional. Sin embargo, esta tendencia no se reproduce con la misma intensidad en otros ámbitos. En academias privadas y en los Centros Cervantes, el interés por el español se mantiene e incluso crece. Esto indica que existe una demanda social real, aunque canalizada fuera del sistema educativo público tradicional. Este hecho aunque pueda engrosar alguna estadística o maquillar alguna realidad, desde la perspectiva política, no es un elemento favorable a la política cultural hispana en Marruecos, a largo término.
Muchos marroquíes perciben la utilidad del español como tercera o cuarta lengua, es decir, como una competencia complementaria que amplía horizontes culturales y profesionales. No obstante, raramente lo consideran una lengua sobre la que construir una trayectoria profesional exclusiva. Existe la percepción —acertada o no— de que especializarse en español “no da de comer”, especialmente si no va acompañado de otra formación técnica, jurídica, económica o empresarial.
Por ello, el futuro del español pasa por redefinir su función estratégica. La cooperación entre Marruecos, España y los países latinoamericanos puede desempeñar un papel clave, reforzando redes universitarias, proyectos de investigación y movilidad académica.
Asimismo, el peso demográfico y cultural del español en Estados Unidos confirma su dimensión global, aunque allí la coyuntura política pueda resultar en ocasiones ambivalente.
En definitiva, el español en Marruecos no carece de base social ni de prestigio cultural, pero necesita asociarse con mayor claridad a oportunidades profesionales concretas y a una cooperación académica y económica sostenida. Solo así podrá consolidar su presencia más allá del interés cultural y transformarse en una opción viable de especialización a largo plazo.









