Mohammed TAFRAOUTI
Análisis del discurso del Comisario Europeo y de los resultados del 48º período de sesiones de la Comisión General de Pesca del Mediterráneo (CGPM)
Durante siete días de debates y negociaciones, delegaciones de más de veinte países participaron en los trabajos del 48º período de sesiones de la Comisión General de Pesca del Mediterráneo (CGPM), celebrado en la ciudad española de Málaga.
El encuentro estuvo marcado por un fuerte impulso político y científico,en el que confluyeron múltiples retos entre la protección de los recursos marinos y la consecución de la justicia económica para los pescadores, en un contexto de presiones ambientales y económicas cada vez mayores que amenazan la sostenibilidad del Mediterráneo.
A pesar de los esfuerzos realizados en materia de planificación y la adopción de importantes decisiones técnicas,como la aprobación de planes de gestión pesquera plurianuales, la creación de nuevas zonas marinas protegidas y el fortalecimiento de los mecanismos de control y cumplimiento, siguen surgiendo preguntas fundamentales ¿Están estos resultados a la altura de los desafíos?
¿Se alinean realmente con la visión que defendió el Comisario Europeo hacia una nueva gobernanza que supere los enfoques tradicionales?¿O sigue el camino de la implementación obstaculizado por barreras de financiación, burocracia, grupos de presión marítimos y una débil conciencia ambiental en la orilla sur?
La Carta Europea para los Océanos: una visión transfronteriza
En su mensaje en vídeo a los participantes, el Comisario Europeo, Virginijus Sinkevičius, pronunció un discurso clave que constituye un documento político que enmarca el futuro de la gobernanza marítima europea y mediterránea. Anunció la intención de la Unión Europea de promulgar una Ley para los Océanos en 2026, que constituirá un marco integral para la gestión de las zonas marinas y costeras conforme a una visión unificada que equilibre la economía azul y la protección de la biodiversidad.
El discurso es un llamamiento a la sostenibilidad,subrayando que el Mediterráneo se ha convertido en un espacio estratégico para la soberanía ambiental y la seguridad alimentaria, y que la cooperación entre sus dos orillas debe basarse en la confianza, la responsabilidad y el compromiso común.
Simone Niedermüller,responsable interina de políticas pesqueras del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en el Mediterráneo, declaró: «El ministro español, Luis Planas, pidió un mayor compromiso de los países para asegurar el futuro de la pesca y las comunidades costeras, donde la rentabilidad vaya de la mano de la sostenibilidad». Añadió que los debates destacaron las campañas de sensibilización y la creciente cooperación con los pescadores del Mar Negro, mediante medidas que incluyen cierres espaciales y temporales, la reducción del esfuerzo pesquero y la evaluación de las estrategias de gestión, pasos que se supone logran un equilibrio entre la sostenibilidad y la resiliencia socioeconómica.
El Comisario Europeo también propuso la celebración de una nueva conferencia ministerial en 2026 para evaluar la iniciativa»MedFish4Ever» y lanzar una declaración política renovada para la protección del Mediterráneo.
Así,la Unión Europea sitúa al Mediterráneo en el centro de lo que denomina el «Pacto Azul», destinado a unificar los esfuerzos científicos y técnicos en una gobernanza transfronteriza.
Sin embargo,estas ambiciones, a pesar de su fuerza retórica, chocan con una realidad sobre el terreno que limita su eficacia, especialmente en los países con capacidades limitadas.
Resultados de la cumbre: avances importantes pero insuficientes
La Comisión General de Pesca del Mediterráneo merece elogios por su capacidad en los últimos años de presentar propuestas concretas, como la adopción de 11 planes de gestión plurianuales, el fortalecimiento de las asociaciones científicas para evaluar las poblaciones de peces y la ampliación de la lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR). A pesar de los resultados positivos más recientes, sigue existiendo una clara brecha entre las decisiones técnicas y la voluntad política de implementarlas. Las recomendaciones solo se vuelven efectivas con la existencia de herramientas de control reales, una voluntad colectiva de cumplimiento e inversiones en infraestructura marítima e investigación científica.
Carlijn Steenbeek,directora de la «Med Sea Alliance», señala: «Los miembros acordaron desarrollar el mecanismo de cumplimiento de la Comisión, pero su implementación completa se pospuso hasta 2028. Los informes actuales son incompletos e inconsistentes, lo que debilita la transparencia y crea una brecha de equidad entre los pescadores cumplidores y los no cumplidores».
Por su parte, Esther Wozniak, de The Pew Charitable Trusts, añade: «En varios casos, los países permitieron años de sobrepesca antes de acordar planes de recuperación de poblaciones. La decisión de posponer la implementación de medidas para el besugo es decepcionante. Solo los esfuerzos colaborativos y continuos pueden garantizar la salud de las especies de importancia ecológica y económica».
Esther afirma que»la CGPM adoptó una medida de gestión muy precautoria para el besugo (Pagellus bogaraveo), una especie sobreexplotada y sobreexplotada. De hecho, esta medida era la opción más precautoria sobre la mesa, exceptuando el cierre total de su pesquería. Sin embargo, no se implementó el nuevo plan de gestión adoptado, sino que se negoció políticamente una captura total admisible (TAC) que incluso supera la opción menos precautoria propuesta, lo que podría retrasar el inicio del proceso de recuperación».
Por lo tanto, la pregunta central persiste: ¿Se ha convertido el discurso de la sostenibilidad en una práctica institucional capaz de generar cambios, o sigue siendo solo una reiterada declaración de intenciones?
La orilla sur: entre la necesidad de financiación y la búsqueda de soberanía
La participación en el «Nuevo Pacto Mediterráneo» representa una oportunidad importante para los países del sur, Marruecos, Túnez, Libia y Egipto, para reforzar su papel en la gobernanza marítima regional. Pero esto requiere mejorar los sistemas nacionales de gobernanza, armonizar la legislación local con los marcos europeos, y desarrollar sistemas de control e investigación científica. Sin una base científica sólida, estos países permanecerán al margen de la dinámica mediterránea a pesar de la riqueza de sus recursos.
El mayor desafío es transformar el mar de un espacio de explotación a un espacio de desarrollo compartido,donde las políticas equilibren los intereses económicos y la protección de los ecosistemas. En el Mediterráneo y el Mar Negro, la mayoría de las poblaciones de peces siguen sufriendo sobrepesca, especialmente las especies demersales objetivo de las flotas de arrastre.
Las especies más afectadas incluyen la merluza europea, el coral rojo y la gamba rosada de profundidad, que registran altas tasas de mortalidad y una débil regeneración natural.
En cuanto a los pequeños pelágicos como la anchoa y la sardina,muestran una situación desigual: algunas poblaciones se han estabilizado bajo los planes de gestión modernos (especialmente en el Adriático), mientras que otras siguen expuestas a las fluctuaciones de la productividad ambiental y la disminución de la biomasa debido al cambio climático.
En el caso de los grandes peces,el pez espada se recupera lentamente tras años de sobrepesca, mientras que el atún rojo ha vuelto a un buen estado gracias a las estrictas medidas de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT). En el Mar Negro, el lenguado y la anchoa siguen en situación crítica, debido a la degradación ambiental y la invasión de especies exóticas.
Las causas de la sobrepesca en la región son múltiples:presión excesiva de las flotas de arrastre costeras, captura de juveniles, degradación de los hábitats de cría y aplicación desigual de las medidas de gestión según las zonas.
A pesar de los múltiples planes y programas destinados a reducir el esfuerzo pesquero en áreas clave como el Mediterráneo occidental,el estrecho de Sicilia y el Adriático, las tasas de captura aún superan los límites sostenibles para la mayoría de las especies.
A pesar de algunas mejoras graduales,los cambios climáticos y las transformaciones ecológicas añaden más incertidumbre, manteniendo a la región en un desequilibrio estructural permanente entre la presión humana y la productividad biológica.
Sin datos científicos sólidos y esfuerzos de investigación nacional integrados,no tendremos una visión clara de lo que ocurre en el Mediterráneo, especialmente dado el escaso reporte de muchas especies.
Aquí radica la importancia del conocimiento científico como pilar para una gestión eficaz y sostenible. Y aunque el Comité Científico de la Comisión monitorea claramente los signos de sobrepesca, la aplicación del principio de precaución o de medidas de recuperación sigue siendo objeto de un debate anual recurrente.
La investigación científica: el eslabón perdido en la decisión marítima
Varios observadores al final de la cumbre expresaron su pesar por la débil participación de las universidades y centros de investigación en la formulación de políticas marítimas. El profesor Mustafa Akessous señaló que la investigación universitaria no se consulta suficientemente a pesar de su papel vital en el análisis de las poblaciones, el monitoreo de la contaminación y la propuesta de soluciones innovadoras. Hizo un llamamiento para involucrar urgentemente a las universidades y proporcionarles los recursos humanos y materiales necesarios para contribuir a la formulación de una visión científica realista para la conservación de los recursos marinos.
Sin una base científica nacional sólida,los planes de sostenibilidad seguirán siendo deficientes, independientemente del nivel de coordinación internacional.
También es necesario transmitir estos conocimientos a los propios pescadores para aumentar su conciencia sobre la gravedad de la captura de juveniles y su impacto directo en su futuro profesional.









