20 junio 2026 / 00:18

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Emma Lira, periodista y novelista española: “La religión islámica no es tan ajena y la herencia cultural árabe es parte de nuestra identidad”

Mares 30 - diciembre 5, 2025

Mohamed Charbi

Afortunadamente, en España todavía hay voces que no dejan de decir la verdad y la realidad sobre la presencia de los musulmanes en la Península Ibérica, sin falsificación ni distorsión. Lo dicen y lo cuentan sin fanatismo ni subjetividad. Ciego es quien no ve -o no quiere ver- las grandes huellas que dejaron los musulmanes en la Península Ibérica, en distintos ámbitos y esferas.

 

En el mismo contexto, en una entrevista concedida a Historia National Geographic, publicada el 3 de diciembre de 2025, Emma Lira, periodista y novelista española que ha dedicado parte de su trayectoria a contar el pasado común entre España y el mundo musulmán, ha subrayado que “a diferencia del orgullo por la herencia romana, en España lleva muy mal haber sido musulmanes durante 800 años, y existe una narrativa que no se analiza críticamente. Este rechazo hacia la herencia árabe puede deberse a la islamofobia y al desconocimiento, y es que, por ejemplo, al viajar por países musulmanes, he notado que muchas personas, incluso católicas practicantes, desconocen que el Antiguo Testamento es común a las tres grandes religiones, que Jesucristo es un profeta para el Islam y que la Virgen María es venerada en esta religión”.

 

“Para mí, es un deber poner esto sobre la mesa para que la gente entienda que esta religión no es tan ajena y que la herencia cultural árabe es parte de nuestra identidad”.

 

“Desde joven he sentido que me faltaba una parte de la historia, y esa sensación se reforzó cuando comencé a ser consciente de la herencia árabe en la cultura española, especialmente en Andalucía. Recuerdo que mi abuela, que es sevillana, preparaba postres que, más tarde, encontré en Marruecos, lo que me hizo dar cuenta de la profunda influencia, incluso en familias católicas”, subraya Emma Lira.

 

Hablando sobre la importancia del viaje para entender la historia, la autora de El cautivo ha explicado que “cuando se viaja y se experimentan estos lugares, se percibe que hay mucho más en común y que nos conecta a muchas de estas civilizaciones de lo que se cree. Una persona del Mediterráneo, del Levante o de Andalucía tiene mucho más en común con alguien del norte de Marruecos que con alguien del norte de Francia, sin mencionar a un británico o un alemán. Esto se debe a la cercanía física y la herencia conjunta, especialmente considerando que España fue musulmana hasta prácticamente el año 1500”.

 

“Esta dinámica no se repitió en otros lugares de Europa, como Italia o Francia. Por eso, la idea de que aquellos conflictos respondían a un enfrentamiento simple entre el Islam y la cristiandad es engañosa. En realidad, lo que estaba en juego era la rivalidad política entre dos grandes potencias: el Imperio Otomano y la Monarquía Hispánica. Francia, lejos de alinearse con España por motivos religiosos, mantuvo una alianza estratégica con el sultán otomano. Así, el rey de Francia era aliado del sultán y, al mismo tiempo, adversario del rey de España, lo que demuestra que la religión no determinaba necesariamente las lealtades”, ha añadido.

 

Asimismo, Emma Lira ha dejado claro que la herencia es innegable, subrayando que “al final se trata de eso: de no querer dar la espalda a una herencia que está ahí, nos guste o no. Porque cuando uno sale fuera descubre que pertenece mucho más a un mundo que a otro, aunque aspiracionalmente quiera identificarse con algo distinto. Es como cuando algunas personas en Canarias dicen que les gustaría “ser vikingos”: está bien como deseo o como fantasía cultural, pero no corresponde con su origen real”.

 

“La clave está en ser honestos. Y entender que no hay nada mejor ni peor en ninguna procedencia. Si a alguien le encanta la idea de ser vikingo, perfecto. Pero eso no significa que venga de ahí. Y, en todo caso, hoy en día cualquiera puede hacerse una prueba de ADN y salir de dudas”, agrega.

 

“Lo importante es asumir que, como población, nuestra procedencia responde a una historia concreta. Si tus ancestros vienen del norte de África, no pasa nada. No se trata de un sentimiento ni de una preferencia personal: es simplemente un hecho histórico. Y aceptar esos hechos no resta identidad; al contrario, la enriquece”, concluye Emma Lira.

 

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