El Gobierno español difundió este jueves dos comunicados que, en conjunto, buscan subrayar la fortaleza de su economía y del mercado laboral. Por un lado, la Seguridad Social anunció que España alcanzó 21,7 millones de afiliados en septiembre, uno de los mejores datos de su serie histórica. Por otro, el Ministerio de Trabajo informó que el paro registrado descendió en 4.846 personas, marcando la primera caída en un mes de septiembre desde 2007 (salvo el periodo excepcional de la pandemia).
En términos anuales, el desempleo se redujo en 153.620 personas (-6%), hasta quedar en 2,42 millones de parados, la cifra más baja en un septiembre desde hace 18 años. El descenso se notó en todos los sectores —construcción, servicios, industria y agricultura— y fue más acusado entre las mujeres.
El Gobierno de Pedro Sánchez no oculta el carácter político de estas cifras: en un país marcado por la crispación, la polarización ideológica y los escándalos de corrupción, la economía se presenta como el principal activo del Ejecutivo. A la vez que se erosiona la confianza en las instituciones, la Moncloa exhibe dos balances: más empleo estable gracias a la reforma laboral de 2021 y menos paro que antes de la crisis financiera de 2008.
Los datos también se proyectan hacia el exterior: España asegura estar creciendo a un ritmo superior al de Italia, Francia o Alemania, lo que refuerza la narrativa de estabilidad frente a un panorama político interno turbulento.









