España refuerza su acercamiento a China en un momento de creciente incertidumbre en las relaciones transatlánticas y de amenaza proteccionista desde Washington. La visita del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a la ciudad china de Hangzhou, y su encuentro con el canciller Wang Yi, consolidan una nueva etapa en la relación bilateral, marcada por el pragmatismo económico y el diálogo político.
El ministro español anunció la creación de un nuevo formato de reunión intergubernamental estructurada, con el objetivo de profundizar la Asociación Estratégica Integral entre España y China, que en 2025 celebra su vigésimo aniversario. “Hemos acordado elevar nuestras relaciones al máximo nivel político y diplomático”, afirmó Albares tras el encuentro.
El jefe de la diplomacia española confirmó también el inicio en 2026 de la construcción de una nueva sede para la Embajada de España en Pekín, un complejo de más de 10 millones de euros, que reunirá bajo un mismo techo todas las dependencias diplomáticas, el consulado y la residencia de la embajadora.
Cooperación económica y equilibrio comercial
En la reunión con Wang Yi, las relaciones económicas ocuparon un papel central. Albares subrayó la necesidad de avanzar hacia una mayor reciprocidad y equilibrio en el acceso a las licitaciones públicas y en el comercio bilateral. Entre los sectores estratégicos analizados figuran la industria porcina, la automoción, el sector agroalimentario y las energías renovables, donde las empresas españolas buscan ampliar su presencia.
La visita culminó con la inauguración del Beihang Valencia Polytechnic Institute, el primer campus universitario español con docencia presencial en el extranjero, fruto de la cooperación entre la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad Beihang de Pekín. Albares lo definió como “un símbolo de la nueva etapa de relaciones entre España y China basada en la ciencia, la educación y la innovación”.
El precedente: la visita de Sánchez a Pekín
El renovado impulso diplomático tiene su origen en la visita oficial del presidente Pedro Sánchez a Pekín en abril de 2025, durante la cual se reunió con el presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Qiang. Aquel viaje concluyó con la firma de siete acuerdos bilaterales orientados a facilitar la exportación de productos españoles —especialmente porcino, cerezas y cosméticos— y a reforzar la cooperación en cultura, ciencia y educación.
Sánchez presentó entonces a China como un “socio estratégico y esencial para la estabilidad global”, destacando que España, como miembro de la Unión Europea, “apostará siempre por un comercio equilibrado, el multilateralismo y la paz internacional”. El mandatario español también mantuvo encuentros con grandes corporaciones chinas de automoción, energías renovables y baterías, alentando su inversión en España como plataforma industrial y tecnológica para Europa.
Una estrategia asiática frente al nuevo proteccionismo
Este giro diplomático hacia Pekín coincide con el endurecimiento del discurso comercial de Donald Trump hacia Europa y China, lo que ha llevado a varios países de la UE —entre ellos España— a diversificar alianzas estratégicas en Asia. Madrid busca así blindar su presencia económica y política en un continente cada vez más decisivo para la economía global.
Con este nuevo impulso bilateral, España consolida su papel como puente entre Europa y China, apostando por el diálogo, la cooperación tecnológica y la apertura comercial, frente al retorno de políticas de aislamiento o confrontación.









