20 junio 2026 / 00:18

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Francisco Marcos Marín, lingüista y arabista español: “A veces lo más importante no es tener el mejor conocimiento de una lengua, sino el mayor «intelletto d’amore»”

Mares 30 - abril 28, 2026

Entrevistado por Mohamed Charbi 

 

Francisco Adolfo Marcos Marín (Madrid, 20 de junio de 1946) es un profesor y lingüista español, también ciudadano estadounidense. Es doctor en Filología Románica (1969) y Ciencias de las Religiones (2023) por la Universidad Complutense de Madrid.

 

Es un destacado experto en lingüística computacional, filología, historia de la lingüística española, etc.

 

Desde 2004 fue profesor de Lingüística y Traducción en la Universidad de Texas en San Antonio, retirado hoy día como profesor emérito de dicha universidad.

 

De su experiencia internacional puede destacarse que ha sido professore ordinario per chiara fama de la Università di Roma, La Sapienza, catedrático de Lingüística General en la Universidad Autónoma de Madrid y de Historia del Español en la Universidad de Valladolid. Ha sido profesor invitado o visitante en numerosas universidades.

 

Es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (2001) y de la Academia Argentina de Letras (2002) y Ciudadano Honorario de San Antonio, Texas.

 

Francisco Marcos Marín es autor de varias obras, entre ellas podemos mencionar las siguientes: Poesía narrativa árabe y épica hispánica (1971), Aproximación a la gramática española (1972), Lingüística y lengua española (1975), El comentario lingüístico (metodología y práctica) (1977), Curso de gramática española (1980), Literatura Castellana Medieval. De las jarchas a Alfonso X (1980), Metodología del español como lengua segunda (1983), Introducción a la lingüística: historia y modelos (1990), Dominio y Lenguas en el Mediterráneo Occidental hasta los inicios del español (2023), Odysseos (1999), etc.

 

También publicó cientos de artículos científicos sobre diversos temas: lingüística, poesía árabe, lengua e Internet, etc.

 

En esta entrevista concedida al diario “Mares30”, el lingüista y arabista español Francisco Marcos Marín aborda varios temas de suma importancia: su primer contacto con la lengua árabe, la situación actual de la lengua árabe en España, la imagen del Islam y de los árabes en los estudios españoles, la traducción, la poesía andalusí y la literatura árabe, las relaciones entre España y el mundo árabe-islámico, Marruecos, etc.

 

– Usted es Doctor en Ciencias de las Religiones (Árabe e Islam) por la Universidad Complutense de Madrid (España).

Háblenos un poco sobre sus primeros contactos con la lengua árabe.

– Cuando estudiaba preuniversitario en Granada, tuve un primer contacto con la fonética del árabe, lo que despertó mi interés por la lengua.

 

Cuando, meses después, empecé los estudios de Filosofía y Letras en Madrid, decidí elegir latín y árabe como lenguas clásicas y empecé una relación que, con períodos más o menos intensos, se ha mantenido durante más de sesenta años.

 

Estudié tres años de árabe en la Licenciatura, más dos cursos en mi primer doctorado, que se distribuyeron entre Filología Románica y Filología Semítica, y luego he continuado con lecturas y con estudios reglados completos en Middlebury College, en los Estados Unidos, y en Jerusalén.

 

– ¿Cómo ve la situación actual del idioma árabe en España?

– Desde el punto de vista académico, el número de centros universitarios que ofrecen árabe se ha ampliado en los últimos cincuenta años. También han aumentado las publicaciones y las actividades universitarias.

 

Se presta más atención a la lengua escrita moderna o literal. Hay instituciones y escuelas oficiales dedicadas a la enseñanza del árabe.

 

En la calle y la vida corriente, los inmigrantes árabes usan sus dialectos, hay escasa interacción lingüística con los españoles y, sin llegar a constituir guetos, como en Francia, los niveles de integración son mejorables.

 

– Su primera tesis doctoral giró en torno a los “Elementos árabes en los orígenes de la épica hispánica”. Háblenos un poco sobre esta investigación.

– En aquel momento, 1969, me interesaba asentar la noción de que en el mundo árabe y, específicamente, en Alandalús, había existido una poesía que llamé narrativa para distinguirla de la épica greco-latina y luego europea. Me pareció más importante buscar en los textos árabes elementos que pudieran encontrarse en los textos épicos románicos, sobre todo castellanos, en lugar de buscar una supuesta épica romance-andalusí, de la que no existía información textual.

 

En árabe, en cambio, había textos épico-narrativos (hamasat, ayyam el-arab), de los que recogí ejemplos, e hice la primera traducción al español de la urchuza de Ibn Abd Rabbihi sobre Abderrahmán III. Hasta mi segunda tesis, en 2023, “Dominio y lenguas en el Mediterráneo Occidental”, no expresé lo que me parece cambiar mucho la visión del contacto de lenguas en la etapa andalusí previa al califato: que los norteafricanos que llegaron a Hispania hablaban variantes africanas del latín y podían comunicarse directamente con los hispanos. Eran también hablantes bereberes, con sus tradiciones narrativas, aprendices de árabe, como los hispanos del emirato, en un bilingüismo que se extendió al menos hasta el siglo X. En el siglo XI, la segunda oleada bereber, tan importante en la época de los Taifas, sólo hablaba bereber y árabe.

 

– En su calidad de lingüista, ¿cómo ve la Gramática española y la Gramática árabe?

– Se trata de dos lenguas flexivas, procedentes de grupos, el indoeuropeo y el afro-asiático, que parecen derivar de un ancestro común. Sus tradiciones de estudios gramaticales son muy diferentes: los gramáticos del español proceden de una tradición greco-latina, mientras que los primeros gramáticos y lexicógrafos del árabe en gran número eran persas sasánidas o hablantes no-nativos.

 

Tanto el árabe clásico como el latín eran lenguas cuantitativas, distinguían sílabas largas y breves. En su evolución, pasaron a ser lenguas iso-acentuales, en las que las sílabas tónicas tienen una duración similar, mientras que las sílabas átonas son disímiles en su duración (como ocurre también en el inglés moderno). El castellano pasó a ser una lengua isosilábica en su transición hacia el español, con las sílabas tónicas y las átonas de duración similar.

 

– ¿Cómo es la imagen del Islam y los árabes en los estudios españoles?

– Esta pregunta ha sido respondida en largos estudios, muy brevemente puede decirse que hay una interpretación tradicional y obsoleta, basada en la oposición entre cristianismo e islam, una interpretación nacionalista-religiosa, la del islam cristianizado en Alandalús y una interpretación moderna, a veces confusa, que va desde el extremo de negar que en 711 se produjera una conquista de Alandalús, sino que se produjo un movimiento social que llevó a la islamización de gran parte del territorio hasta el mantenimiento de los conceptos tradicionales de invasión y Reconquista, en buena medida por comodidad terminológica.

 

También hay una presencia mucho mayor del islam general y los países musulmanes modernos en los estudios españoles y mucho más conocimiento directo, vinculado en parte a la inmigración y en parte al turismo español hacia esos países.

 

– Acerca de la historia de Al-Ándalus, ¿A qué se debe esa imagen distorsionada y tergiversada que tiene algunos españoles sobre la presencia de los musulmanes en la Península Ibérica? ¿Qué propone para derribar esos estereotipos y prejuicios?

– Esas herencias, prejuicios y estereotipos históricos son muy variables y difíciles de erradicar.

 

En su origen se basan en la religión. Modernamente, la religión sigue desempeñando un papel muy distinto; se contrapone la cultura laica europea a las teocracias islámicas y la diferente actitud hacia los valores occidentales en las sociedades islámicas. Esto se marca mucho en relación con la mujer y su papel en ambas sociedades, así como con elementos tradicionales de la cultura española, de origen religioso en muchos casos, pero que están incluidos en el proceso laico de la vida ordinaria: villancicos, belenes, elementos navideños o de la Pasión de Cristo.

 

Muchos inmigrantes musulmanes también tienen una gran ignorancia de su propia religión: no comprenden el Corán, siguen consignas e ignoran el papel importante que en el islam desempeñan figuras centrales coránicas como la Virgen María o Jesús.

 

– En su calidad de especialista en la traducción, ¿Cómo ve el presente y el futuro de la traducción en la era de la inteligencia artificial?

– Se trata de un cambio profundo. Los sistemas computacionales son cada vez mejores y se van perfeccionando hasta niveles de precisión superiores al 90%. Todo traductor profesional que se precie realiza primero una traducción computacional, que es su primer borrador, por decirlo así. A continuación, realiza su labor de corrección y edición.

 

En la formación de los futuros traductores habrá que introducir dos líneas de enseñanza: una que les permita utilizar los recursos computacionales y mantenerse al día en su empleo, y otra que les llevará al mejor conocimiento posible de las dos lenguas, fuente y meta, para poder corregir los textos producidos de forma computacional. Serán más que otra cosa, informáticos y lingüistas, con un conocimiento especializado según el campo de la traducción al que se apliquen (de la salud, jurídico-administrativo, científico, literario, etc.).

 

– ¿Qué podría decirnos sobre la Literatura árabe?

– Tengo que limitarme a mi experiencia personal. Gracias a mi profesor y maestro, Pedro Martínez Montávez, accedí muy joven a la literatura contemporánea. De hecho, uno de mis cursos de doctorado, con mi maestro y director de tesis, Elías Terés, fue sobre literatura clásica y el otro, con Montávez, sobre la contemporánea.

 

En Middlebury y en Jerusalén, tuve que leer obras completas en árabe; he traducido bastante poesía desde la urchuza de mi primera tesis y he publicado sobre algunos autores, como Nizar Qabbani y la poesía palestina contemporánea. Incluso he hecho algunas presentaciones breves en árabe.

 

– En el mismo contexto, ¿Qué representa para usted el poeta árabe Nizar Qabbani?

– Un modelo de calidad literaria en su escritura y de interés por tradiciones literarias diversas para mejorarla. También un hombre coherente con su situación en el complejo mundo literario contemporáneo.

 

Mantuvo su nivel de compromiso, pero fue consciente de cuál era su papel en el amplio mundo de sus lectores y seguidores.

 

– ¿Cómo ve las relaciones actuales entre España y el mundo árabe-islámico?

– Complejas. Los dos grupos tienden a limitar las visiones políticas y de derechos humanos, de hombres y mujeres a los paradigmas de su propia cultura. La clase política, además, es muy ignorante y está más preocupada por sus intereses que por los de los ciudadanos.

 

Es muy difícil sentirse parte de varias culturas y, en mi experiencia personal, nunca se consigue del todo. La ventaja es que, de alguna manera, hay una cierta simpatía histórica, una sensación de proximidad, a veces discutible o rechazada; pero recurrente.

 

– ¿Qué papel pueden desempeñar los arabistas e intelectuales españoles para tender puentes entre la Península Ibérica y el mundo árabe-islámico y derribar algunos estereotipos y prejuicios que repercuten negativamente en las relaciones entre ambas partes?

– Ayudaría una visión de la historia de España de sur a norte y no de norte a sur. La historia de España tiene que entenderse en relación con el norte de África y el imperio turco, sin renunciar, por supuesto, a su base latina ni a su relación con las potencias europeas.

 

Se puede hacer mucho para mejorar el conocimiento del ciudadano corriente por el valor de la literatura árabe y ofrecerle información sobre el papel árabe en la transmisión de la ciencia.

 

En el plano artístico, sería muy útil rescatar el valor de una cultura mediterránea compartida en oriente y occidente en los orígenes del mundo moderno. Para hacer eso, no basta con saber árabe, hay que saber muchas otras cosas.

 

A veces lo más importante no es tener el mejor conocimiento de una lengua, sino el mayor intelletto d’amore.

 

– ¿Cuántas veces ha visitado Marruecos? ¿Cómo lo ve?

– Muchas veces, desde 1972. Hace años que no voy y me gustaría volver. He hecho vida de estudiante, de estudioso, de turista y de familia. Lo he recorrido en tren, autobús y auto y lo he disfrutado profundamente.

 

Tuve incluso la fortuna de compartir un viaje con Federico Corriente, en el que aprendí muchísimo, así como con Mohammed el-Madkouri y su familia, que considero mía.

 

En política, por lo que dije antes, no soy muy optimista; pero Marruecos está haciendo un gran esfuerzo y se aprecia una evolución que mejora la vida de sus ciudadanos.

 

– Por último, ¿Qué mensaje(s) quiere transmitir a los lectores españoles y árabes?

– Que se dejen de ideas preconcebidas y se conozcan mejor. Que aprecien la condición humana común, con sus limitaciones de especie. Sólo Dios es perfecto.

 

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