Mohamed Charbi
El Hispanismo en Marruecos ha perdido a muchos grandes hispanistas marroquíes que han desempeñado un rol muy importante en la consolidación de la presencia del español en Marruecos y en la formación de varias generaciones en Lengua y Literatura Hispánicas.
Entre los íconos del Hispanismo marroquí que nos dejaron, encontramos al gran hispanista marroquí Mohamed Salhi, quien falleció el 18 de julio de 2025.

Mohamed Salhi fue un gran profesor e intelectual y es considerado como uno de los pilares del Hispanismo marroquí. Fue catedrático de Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Sidi Mohamed Ben Abdellah de Fez y luego en la Universidad Mohamed V de Rabat.
Participó en varios congresos organizados dentro y fuera de Marruecos en torno a varios temas hispánicos.
El profesor Mohamed Salhi tiene también varias publicaciones: libros, artículos, etc.: El pequeño diccionario Español/ Árabe (ilustrado), para niños de 2 a 6 años. Ed. Al Ghani, Rabat, 1993. Huellas comunes y miradas cruzadas, mundos árabe, ibérico e iberoamericano (coordinador). Ed. de la Facultad de Letras, Universidad Mohamed V, Rabat, 1995. El siglo XVII hispano-marroquí (coordinador). Ed. Facultad de Letras, Universidad Mohamed V, Rabat, 1997. Repertorio de hispanistas magrebíes (en colaboración con Miguel Moreta). Edición Consejería de Educación y Ciencias-Embajada de España en Marruecos, 1998. Antología del cuento colombiano (traducción al árabe de cuentos colombianos en colaboración con Ibrahim Khatib y Mahdi Akhrif). Edición Ministerio de Asuntos Culturales, 1998. Marruecos, España y Portugal: hacia nuevos espacios de diálogo (coordinador). Ed. de la Facultad de Letras, Universidad Mohamed V, Rabat, 2000. Fuentes, Carlos. El tuerto es rey (traducción al árabe con el título Al Mira’at). Ed. Ministerio de Cultura Marroquí, 2004, etc.
Artículos: “La nueva novela hispanoamericana” (en árabe). Anoual, 1983. Entrevista con el escritor paraguayo Ruben Bareiro Saguier (traducida al árabe). Anoual, 1983, etc.
Homenajes y testimonios
El Instituto Real de la Cultura Amazigh (IRCAM) y la Asociación Marroquí de Estudios Ibéricos e Iberoamericanos (AMEII) organizaron el martes 4 de noviembre de 2025, en la sede del IRCAM, un acto conmemorativo al difunto Mohamed Salhi, gran profesor, educador y humanitario.

Este acto conmemorativo contó con la participación de grandes intelectuales e hispanistas de Marruecos.

Testimonio del profesor Fikri Soussan (Departamento de Hispánicas de Fez)

El hispanismo está de luto, pero también en deuda. Hoy, más que llorar a un colega, se honra a un maestro cuya vida fue una defensa apasionada del entendimiento entre mundos.
Ha muerto Mohamed Salhi y, con él, una forma de ser intelectual que se va haciendo cada vez más rara: austera, rigurosa, generosa y profundamente humana. La noticia llegó como llegan estos golpes: sin ruido, pero con una sacudida sorda que cala en lo más íntimo. Porque Salhi no era solo un profesor de literatura hispanoamericana ni un académico prolífico —eso se puede leer en cualquier nota necrológica—, sino alguien que habitaba el hispanismo con la misma naturalidad con que un árbol encarna su raíz.
Fue mi profesor en la Universidad de Fez a mediados de los años 80 del siglo pasado, cuando empezábamos a asomarnos a las complejidades del mundo hispánico. Luego nos reencontramos, ya como colegas, a principios de los años 90 en Rabat. En aquella época, él ejercía como jefe del Departamento de Lengua y Literatura Españolas, y yo tuve el privilegio de secundarlo en la tarea durante casi diez años, hasta que regresé a la Facultad de Fez. Compartimos muchas más cosas que el trabajo: una visión común del saber, una ética del aula y una misma pasión por la cultura.
Su tesis doctoral de Estado versó sobre un tema que lo representaba plenamente: Cultura y escritura en dos escritores peruanos: José María Arguedas y Manuel Scorza. Allí ya se insinuaba su obsesión por lo mestizo, por las voces que cruzan fronteras, por la literatura como espacio de diálogo entre lo íntimo y lo colectivo.
Lo conocimos en los pasillos universitarios, en congresos de nombres solemnes y cafés sin pretensión, en esas sobremesas donde las ideas no se disputaban con agresión, sino con una sabiduría serena. Salhi enseñaba sin alardes. Escuchaba con un silencio activo, casi reverente. Dialogaba con un respeto que no venía de la corrección política, sino de un convencimiento moral: que el otro, por el simple hecho de ser humano, merecía atención, incluso cuando discrepaba.
Era un hombre sobrio. No en el sentido de parco, sino de contenido. Nada en él era ruidoso: ni su voz, ni sus gestos, ni su ego. Vestía siempre con traje impecable, como si el rigor exterior fuese una prolongación natural de su ser interior. Su melena ligeramente greñosa y sus ojos saltones —tan suyos— componían una figura inconfundible, entre severa y entrañable, entre distraída y penetrante. En su mirada —a menudo semicerrada, como en constante relectura interior— había algo que imponía sin necesidad de imponerse. Daba clase incluso cuando callaba.
Mohammed Salhi representaba una generación en vías de extinción: hispanistas marroquíes que no buscaban prestigio, sino comprensión; que no perseguían títulos, sino vínculos. Entre España, América Latina y Marruecos, tejió puentes discretos pero sólidos, sin más herramientas que la palabra, la lectura y el respeto. Jamás cayó en la tentación de la grandilocuencia: su apuesta era otra, más honda y más sutil. La de los que creen —aún a contracorriente— que el lenguaje puede ser un territorio común entre culturas, y que leer es, en el fondo, una forma silenciosa de reconciliación. Con su partida, no solo se apaga una voz: se cierra un modo de habitar el saber, hecho de pausa, hospitalidad y sentido.
Pudo haber hecho carrera en universidades más visibles. Pero eligió quedarse en casa, allí donde la semilla puede echar raíces. Desde Fez o Rabat, acompañó a generaciones de estudiantes con una devoción pedagógica que no entiende de modas. Lo suyo fue un magisterio, no un oficio. No enseñaba español: enseñaba a mirar el mundo con otros ojos, a escuchar el murmullo de las palabras con oídos atentos, a leer a Arguedas o Fuentes como quien lee entre los pliegues de una civilización.
Salhi no fue un “referente” en el sentido mediático del término. Fue algo más duradero: un ejemplo. De rigor sin pedantería. De profundidad sin arrogancia. De identidad abierta, porosa, hospitalaria. Su presencia era una forma de recordarnos que se puede ser intelectual sin dejar de ser humilde, que se puede ser crítico sin dejar de ser justo, que se puede ser moderno sin dejar de ser fiel a lo esencial.
Hoy lo lloramos quienes tuvimos la fortuna de compartir con él alguna página, una charla, una mirada cómplice… casi una vida. Pero también lo lloran —aunque no lo sepan— sus alumnos de entonces y de ahora, y ese hispanismo marroquí que, gracias a hombres como él, no ha sido solo una empresa académica, sino también un gesto ético.
Descanse en paz, querido Mohamed. Que tu voz pausada nos siga acompañando, como un susurro firme, en estos tiempos tan necesitados de humanidad y profundidad.
Testimonio del profesor e hispanista Boujemaa El Abkari

A la memoria de Ssi Mohammed Salhi, amigo, colega y hermano.
Partiste sin despedida, pero quedas para siempre en la memoria de los que te conocieron: elegante, profesor distinguido con su famoso abrigo y bufanda; de cabello rizado y rebelde, sonrisa ancha, tímida y eterna.
Te fuiste, viejo amigo, sin aviso,
como un farol que muere en la neblina,
dejando atrás la música de tu risa
y la verdad que en tu mirada anida.
Fuiste sincero, noble en la palabra,
con esa calma que la vida aclara,
y un corazón que siempre se desarma
ante una pena o una risa clara.
Compartimos paisajes y deseos,
noches sin prisa, charlas demoradas,
el vino de los sueños que bebíamos
al fondo de tertulias desveladas.
Nos unió el verbo, la palabra, el verso,
el español -puente de la alegría-,
con voz de amigo, alegre como el vino,
tu paso fue de fiesta y de poesía.
En Madrid y París, bajo cielos de aventura,
sellamos confidencias sin medidas;
en Fez, en Rabat, la vida pura
nos dio amistades hondas, bien tejidas.
Los años no lograron separarnos,
ni el peso de los días, ni distancias;
seguimos juntos, brillando y alumbrándonos,
con las mismas pasiones y fragancias.
Y aunque callaste al filo del abismo,
y te abrazó la sombra del retiro,
yo leí, fiel, en la luz de tu mirada,
la historia muda que dictaba tu suspiro.
Luego, el silencio habló sin voz ni prisa,
y en su callar tu pena fue entendida;
pues, en los ojos guardabas la brisa
de lo que amaste y conseguiste en vida.
Hoy duele más la ausencia que la herida,
duele el silencio que dejó tu risa,
duele aceptar, con fe y voluntad divina,
que me acerco también a tu orilla.
Porque al perderte, pierdo mi reflejo,
la juventud, las horas que se fueron.
Y al recordarte, el alma va derecho
hacia los brazos que jamás volvieron.
No es un lamento el que te dedico,
sino un abrazo que en mi voz levanto.
Mi corazón, aunque cansado y chico,
te nombra aún, con tristeza y encanto.
Tu nombre sigue vivo en mi memoria,
como un farol que en la noche no se apaga,
y mientras dure en mí la vieja historia,
serás mi amigo, y el tiempo no desquicia.
Referencias:
“El Instituto Real de la Cultura Amazigh y AMEII organizan un acto conmemorativo al difunto Mohamed Salhi”. Mares 30. 30 de octubre de 2025.
Fikri Soussan. “Mohammed Salhi, un maestro del alma y del lenguaje”. InfoMarruecos. 18 de julio de 2025.
https://infomarruecos.ma/mohammed-salhi-un-maestro-del-alma-y-del-lenguaje-por-fikri-soussan/
Boujemaa El Abkari. “El farol que no se apaga”.. un poema dedicado al alma de Mohammed Salhi. Mares 30. 20 de agosto de 2025.
“El farol que no se apaga”.. un poema dedicado al alma de Mohammed Salhi









