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La Casa del Periodismo

“El farol que no se apaga”.. un poema dedicado al alma de Mohammed Salhi

Mares 30 - agosto 20, 2025

Boujemaa El Abkari*

 

A la memoria de Ssi Mohammed Salhi, amigo, colega y hermano.

 

Partiste sin despedida, pero quedas para siempre en la memoria de los que te conocieron: elegante, profesor distinguido con su famoso abrigo y bufanda; de cabello rizado y rebelde, sonrisa ancha, tímida y eterna.

 

Te fuiste, viejo amigo, sin aviso,
como un farol que muere en la neblina,
dejando atrás la música de tu risa
y la verdad que en tu mirada anida.

 

Fuiste sincero, noble en la palabra,
con esa calma que la vida aclara,
y un corazón que siempre se desarma
ante una pena o una risa clara.

 

Compartimos paisajes y deseos,
noches sin prisa, charlas demoradas,
el vino de los sueños que bebíamos
al fondo de tertulias desveladas.

 

Nos unió el verbo, la palabra, el verso,
el español -puente de la alegría-,
con voz de amigo, alegre como el vino,
tu paso fue de fiesta y de poesía.

 

En Madrid y París, bajo cielos de aventura,
sellamos confidencias sin medidas;
en Fez, en Rabat, la vida pura
nos dio amistades hondas, bien tejidas.

 

Los años no lograron separarnos,
ni el peso de los días, ni distancias;
seguimos juntos, brillando y alumbrándonos,
con las mismas pasiones y fragancias.

 

Y aunque callaste al filo del abismo,
y te abrazó la sombra del retiro,
yo leí, fiel, en la luz de tu mirada,
la historia muda que dictaba tu suspiro.

 

Luego, el silencio habló sin voz ni prisa,
y en su callar tu pena fue entendida;
pues, en los ojos guardabas la brisa
de lo que amaste y conseguiste en vida.

 

Hoy duele más la ausencia que la herida,
duele el silencio que dejó tu risa,
duele aceptar, con fe y voluntad divina,
que me acerco también a tu orilla.

 

Porque al perderte, pierdo mi reflejo,
la juventud, las horas que se fueron.
Y al recordarte, el alma va derecho
hacia los brazos que jamás volvieron.

 

No es un lamento el que te dedico,
sino un abrazo que en mi voz levanto.
Mi corazón, aunque cansado y chico,
te nombra aún, con tristeza y encanto.

 

Tu nombre sigue vivo en mi memoria,
como un farol que en la noche no se apaga,
y mientras dure en mí la vieja historia,
serás mi amigo, y el tiempo no desquicia.

*Hispanista y profesor marroquí.

 

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