Mohamed Abrighach
(Hispanista y escritor)
La actividad de Inma Garro la antecedieron y siguieron dos acontecimientos también imprevistos que difícilmente eran posibles años atrás. La ministra de Cultura francesa, Rachida Dati, aterriza, el pasado lunes, 17 de febrero, primero en Tarfaya y luego en Laâyoune. Es la primera vez que una personalidad gala de este rango realiza una visita oficial a la zona. Parece que la ministra quiso ser pionera en ese aspecto por su origen marroquí y haber defendido siempre la marroquidad del Sahara, pero también dar continuidad oficial al anterior reconocimiento del presidente francés de la inseparabilidad de las provincias del sur del territorio nacional marroquí y de que el plan de autonomía propuesto por Marruecos es la única solución viable y realista al contencioso regional. Desde el punto de vista de la cooperación bilateral, la visita de la ministra, acompañada por su homólogo marroquí, tenía como principal finalidad poner los primeros cimientos para la cooperación cultural a través de la rehabilitación del patrimonio arquitectural y la creación de instituciones culturales y educativas. En Tarfaya donde se la vio muy contenta, vestida a usanza local y rodeada del mismo ministro de Cultura marroquí y de varios notables y autoridades locales, todos ellos envueltos en la chilaba saharaui azul y blanca, visitó algunos monumentos históricos de la ciudad, particularmente La Casa del Mar que será restaurado y el Museo Antoine de Saint-Exupéry, el famoso escritor y aviador francés. En Laâyoue procedió a la creación de una de las instituciones culturales más prestigiosas de la francofonía, Alliance Française, que será otro foco de francofonización lingüística y educativa de la zona, así como un centro de actuación cultural en lengua gala en todos los ámbitos: presentación de libros, invitación de escritores, organización de conferencias, jornadas y seminarios, actuación teatral, exposición de arte, etc. Será a buen seguro una de las instituciones extranjeras más dinámicas que dominará la acción cultural en la ciudad.
En Dakhla, antes Villa Cisneros, la ministra inauguró una extensión de un instituto superior en profesiones cinematográficas que entra en el marco de un proyecto ambicioso que apunta a reforzar la oferta cultural y la formación en artes relacionadas con la cinematografía y contribuir al desarrollo de industria cultural local. Las citadas instituciones participarán en potenciar más la labor también educativa y cultural que la Mission Laique Française (MLF) realiza desde 2012 a través de sus dos colegios, Ecole Odette Puigaudeau y Ecole Paule Pascon, ubicados respectivamente en Dakhla y Laayoune, ambos dependientes del Office Scolaire Universitaire et Internacional (OSUI).
Considerada esta situación, el español tiene todas las de perder. El colegio La Paz difícilmente puede ser competitivo en este contexto, primero, por su pequeña magnitud, su aislamiento e incapacidad para hacer acentuada acción cultural dentro y fuera de sus recintos, y segundo, por no tener completado el ciclo de formación hasta el bachillerato. La anunciada creación de una simple extensión, léase aula, del Instituto Cervantes hace dos años en Rabat no se ha hecho realidad aún y parece que no está todavía en la agenda de la institución. Es probable que se esté esperando alguna visita oficial para su inauguración. Tiendo a pensar que esta dilación se debe a la existencia de incertidumbre y falta de decisión por motivos del rechazo mayoritario de los partidos y de la sociedad civil de la postura con respecto al problema del Sahara adoptada por Pedro Sánchez, pero no asumida por sus aliados podemitas en el gobierno, mediante la famosa carta oficial dirigida al Monarca marroquí en que expresa su apoyo al plan de autonomía ofrecido por Marruecos para la resolución del contencioso territorial.
Dos semanas después, otra visita de gran trascendencia al Sahara, a Laâyoune precisamente, capital de la zona, la realiza el 25 de febrero el presidente del senado francés, Gérard Larcher. Una visita de relevante significado político en que el alto responsable galo volvió a insistir en el interés de Francia en estar en la zona para contribuir a su desarrollo cultural y económico, y también a repetir in situ el expreso y claro reconocimiento de Francia de la marroquidad del Sahara y de que el plan de autonomía propuesto por Marruecos es la única vía posible, viable y realista para la solución definitiva del diferendo territorial. Volvió a mencionar la futura inauguración de un consulado general en la ciudad, pero sin dar fechas, dejando el tema así en el aire, a imagen y semejanza de la actitud de Estados Unidos.
La Facultad de Letras de Agadir organizó, los días 20 y 21 de febrero, en colaboración con la Universidad de Alcalá de Madrid, un congreso internacional sobre el tema de las relaciones hispano-marroquíes a través de la historia. En el evento participaron académicos, expertos e investigados de fuste pertenecientes a varias universidades marroquíes y españolas. Fue clausurado por una conferencia plenaria del Embajador de España en Rabat en que volvió a hablar de la historia común y la memoria compartida, así como de la necesidad de estas relaciones para los dos países para la consolidación de su cooperación bilateral.
Una excursión turística a Ifni estuvo prevista en el programa del congreso, una costumbre que mantiene nuestro Departamento de Estudios Hispánicos cada vez que organizamos actividades académicas, en un intento siempre de unir lo útil a lo agradable poniendo de realce el pasado local hispánico. Después de un alto en Tiznit, de comer en ella, recorrer previamente su medina y visitar algunos de sus edificios culturales, llegamos a la capital de Ait Ba”aman, llamada ahora Sidi Ifni y no Ifni, como en la época colonial española. Ella constituye actualmente la mejor metáfora de las relaciones hispano-marroquíes en el sur del país, incluido el Sahara. Su estructura urbana y monumentos son esencialmente hispánicos: una plaza central, Plaza de España, de la que se quitó la estatua de Capaz justo después de la retrocesión, el club de los suboficiales convertido en un edificio para reuniones y actividades culturales y del que solo quedan como recuerdo su nombre en español grabado en el cristal de su portal principal, hotel Suerte Loca, la barandilla, algunos letreros de las calles con nombre de militares españoles, el Club Twist, un selecto excentro de recreo de la soldadesca, Cine Avenida, el cuartel de tiradores de Ifni, un zoo sin animales, un estadio de fútbol con cancha de tierra pisada, en su tiempo el único existente con césped natural en todo el sur del país, un funicular comido por la corrosión, etc.. Un dato importante a destacar: España tiene en la ciudad un total de casi once edificios de su propiedad. Todos y sin excepción están abandonados y acabarán cayéndose en caso de no ser rehabilitados en el futuro.
Merece hacer una mención especial del edificio más significativo de propiedad española: la Pagaduría. Es una gran e imponente construcción urbana, el único de su género del art decó en la ciudad. Fue consulado hasta 1975 y desde aquel entonces fue tan abandonado que se convirtió en la carcasa arquitectónica de hoy para ser encarnación simbólica de la malograda presencia colonial española y su absurdidad en Ifni. Los sueños imperiales invocados por el régimen de Franco fue una retórica oficial y propagandística de grandeza por un país que no tenía medios para ello. La ocupación de Ifni se llevó a cabo para contrarrestar a Francia que lo iba a hacer en su lugar, y cumplir, aunque muy tarde, con lo estipulado por el tratado de Wad-Ras de 1860.
Es curiosa esta especial manera de abandonar la colonia, con prisa y sin dejar rastro de su presencia, se hizo de estampida y con prisa. Se les ocurrió llevar con ellos hasta a los muertos que tuvieron que desenterrar y meter después en sus respectivos féretros con destino a la Península o a Canarias. Es una indiferencia absoluta a su historia. Solo quedaron los edificios, es decir, los once bienes inmuebles que fueron además señalados en una adenda especial al tratado de retrocesión de 1969. Son los mismos edificios que están abandonados y en completa ruina. Es también muy curioso que, en el balcón de la Pagaduría, donde el mismo Franco pronunció su discurso a las tropas militares en su visita a la ciudad en 1950, siga todavía intacto el escudo imperial del régimen franquista, muy ajeno a la Ley de Memoria Histórica en vigor desde hace años. Es igual de curioso que, en este mismo balcón, varios de los jóvenes de la ciudad se subieran en julio de 2016 para izar la bandera española reivindicando su derecho a la nacionalidad que, según ellos, le permitía la legislación española por ser hijos de militares que trabajaron en el ejército español antes de 1969.
El abandono en que se hallan estas huellas culturales y materiales de España en Ifni, Tarfaya y Sahara es aterrador. Lo resumió con mucha sinceridad y lamentación Juan Goytisolo en su famoso documental Alquibla. No sorprende que sea también uno de los pocos escritores que defendieron la necesidad de convertir la actual Pagaduría en un centro cultural para servir de base para mantener el español y fomentar su presencia en su entorno históricamente hispánico. Esta reivindicación fue siempre planteada por nosotros, los hispanistas, por la alcaldía de la ciudad y los agentes culturales en muchos de los encuentros con la diplomacia española a escala local y nacional. Según informa un medio informativo local, El Rincón de Ifni, se habló en 2012 de que las autoridades municipales estaban dialogando a iniciativa propia con el gobierno español a propósito de un proyecto de rehabilitación de la Pagaduría y su consecuente transformación en centro cultural hispano-marroquí. Desde aquel entonces y hasta el momento no se realizó nada y la situación del monumental edificio sigue igual de peor. La iniciativa se debe aplaudir y desde aquí vuelvo a insistir en la misma idea y defender la necesidad de actuar en este sentido, porque el centro será un espacio que reconcilia la población local con su memoria histórica hispánica, se enseñará en el mismo el español para evitar su desaparición porque no se oferta en la enseñanza reglada, sin olvidar la animación cultural de la ciudad que tiene un fuerte potencial turístico. En caso contrario, es una injusticia imperdonable acabar con lo poco que queda del español y de la cultura española. Precisa recordar que en el artículo 7 del Tratado de Fez de 1969 ambas partes se comprometen a mantener el español en la ciudad y lo hacen constar con estas palabras: “El gobierno marroquí no pondrá inconvenientes al mantenimiento de las instituciones culturales y de enseñanza española, existentes en el territorio y dará facilidades para la apertura de aquéllas que el gobierno español pueda considerar convenientes”. Este compromiso no fue cumplido.
Tengo el temor que, tarde o temprano se acabarían subastando esas propiedades. Justo cuando estábamos haciendo fotos inmortalizando el triste estado de la Pagaduría se nos acercó un ifneño de casi sesenta o más años de edad para explicarnos en un español impecable que él cobraba su salario allí y que después de la independencia se transformó en consulado que fue después trasladado a Agadir porque Ifni no era provincia y no se podía mantener según sus palabras. Hace poco el parlamento español ha aprobado una proposición de ley que autoriza ofrecer nacionalidad española a los saharauis nacidos antes de 1975, pero se excluye a los de Ifni, capital de África Occidental Española hasta 1958 y capital de provincia española desde la anterior fecha hasta 1969. Misma lógica se repite. La nacionalidad se ofreció sin problemas a los sefardíes, pero nunca a los descendientes de los moriscos. Ahora también se quiere otorgar a los sahrauis, pero no a los de Ifni, pese a ser ellos sahrauis de cultura y nacidos antes de 1969. Es una decisión marcadamente ideológica mediante la cual la sociedad española y sus partidos políticos quieren luchar contra su sentimiento de culpabilidad histórica con respecto a los sahrauis. Una romantización ideológico-política de la causa independentista sahraui que la praxis real y coyuntural en la región no favorece y supera a favor de una solución política y democrática, sin vencidos y vencedores.

En mayo de 2023 el Departamento de Estudios Hispánicos de la Facultad de Letras de Agadir organizó, en colaboración con la Academia Regional de Educación y de Formación (AREF) de Laâyoune-Sakia El Hamra, la Asociación Marroquí de Estudios Ibéricos e Iberoamericanos y la Asociación de Innovación Educativa y Formación Profesional, una jornada sobre el español y su importancia en la zona en varios ámbitos. Se tituló así: “El español, lengua de comunicación, ciencias y trabajo”. En ella participaron profesores e hispanistas de nuestro Departamento acompañados por el decano en persona, y también de otros universitarios marroquíes, principalmente de Casablanca y Rabat. Fue un éxito rotundo y sin precedentes. El Palacio de Congresos de la capital se llenó en su totalidad de público de una forma poco habitual, ejemplo del interés local por el español y su necesidad culturalmente hablando en la zona. En su discurso oficial, el decano de la Facultad de Letras, Mohamed Ennaji, anunció en nombre del presidente de la Universidad Ibnou Zohr, Abdelaziz Bendou, la voluntad de crear una cátedra dedicada a la enseñanza de la lengua y la cultura españolas para estrechar las relaciones de su universidad con las de España y pensar conjuntamente las relaciones hispano-marroquíes.
Todo lo anterior es un claro índice de que hay interés social e institucional por el español y que la presencia cultural de España en Sahara es un imperativo y en caso de mantener el statu quo actual daría paso libre a la francofonía a conquistar más terreno, prueba del pragmatismo francés en la zona que no le viene bien a España remedar. Imitación que consistiría a corto plazo en: 1) convertir el colegio La Paz en un Instituto para hacer que los alumnos no se trasladen, como se ha venido haciendo de costumbre, a otros centros fuera de la zona para continuar sus estudios y conseguir sus títulos de bachiller; 2) ampliar la no creada todavía aula a un Instituto Cervantes que debería contribuir también a la animación en español de la ciudad y la zona. Estaría bien que la buena y rica programación que estamos viendo, por ejemplo, en Tánger y Tetuán se extendiera al Sáhara e Ifni. Aplazar esta acción cultural y mantener la acostumbrada incertidumbre es ir contra la lógica y los intereses geoestratégicos de España en la zona que fue siempre espacio histórico de su influencia. Marruecos debería, en contrapartida, reconsiderar seriamente el estatus del español en la zona, reparar la injusticia histórica cometida contra ella y ofertarla en la enseñanza reglada como principal lengua extranjera en la región considerando su arraigo en la misma y su necesidad para el conocimiento de la historia local.









