Isabel Guillén*
He vivido el mes de Ramadán en primavera, y fue en la ciudad de Agadir en el sur de Marruecos. En la primera ocasión que viví el Ramadán, me encontraba trabajando como profesora de español en varios centros de idiomas, y la verdad, que me impactó bastante porque por las mañanas la gente hacía vida normal, compras, trabajos, colegios, te sorprende la fuerza de voluntad y sacrificio que tienen la mayoría de los ciudadanos que sin comer y sin beber agua realizan sus tareas sin protestar, es digno de admirar, luego según se van acercando las horas del momento del desayuno, se nota esas prisas por volver a casa puntual.

La ciudad acelera su ritmo, lo más curioso es que todos al unísono transmiten esa rapidez, pero he de decir que lo que más me deja estupefacta es cuando minutos antes del ayuno, la ciudad queda desierta y se produce un silencio imperioso mágico, solo pensar que eso ocurre en todos los países musulmanes a la misma vez, me parece algo extraordinario, parar el mundo, unos instantes significa el gran poder del ser humano para conseguir lo que quiere, si lo desea.

Muchas veces por razones de trabajo iba a romper el ayuno en una cafetería y me encantaba, ya que la gente comparte mesa y te invitan muchas veces, suelen comenzar comiendo frutos secos, como dátiles, un huevo duro y algún dulce típico del Ramadán para a continuación tomar la sopa típica la harira, que es una sopa cargada de legumbres y que aporta multitud de vitaminas, muy sabrosa, después de comer, la vida comienza, se puede decir que la ciudad se vuelve a despertar con alegría, creando un buen ambiente por la noches, se oye gente en las calles festejando esas noches para ya adentrados en las horas de la madrugada en donde se oyen los llamamientos a la oración que vuelven a arropar y a hacerse con la ciudad.

Aproximándonos al último día del mes del Ramadán, me invitan amigas a sus casas para disfrutar de ese primer desayuno, y los marroquíes, llenan sus casas con aromas especiados y sus mesas de abundante comida, sobre todo hecha por ellos, dulces, pasteles, empanadas pequeñas, frutos secos, ensaladas. A mí me gusta toda la comida en general.
– Profesora de inglés y español para extranjeros en Agadir, actualmente profesora de inglés y lengua de la Consejería de Educación en Canarias









