Los datos más recientes del Ministerio del Interior español, actualizados hasta el 31 de diciembre de 2025, revelan que el número total de llegadas irregulares a España por vía marítima registró un fuerte descenso en comparación con 2024. El total se redujo a 32.925 migrantes, frente a los 61.372 contabilizados en el mismo periodo del año anterior, lo que supone una disminución de 28.447 personas, equivalente a un 46,4 %. Asimismo, el número de embarcaciones descendió de 1.810 a 1.235, es decir, un 31,7 % menos.
Sin embargo, la excepción más destacada, según estas mismas cifras oficiales, se observa en las Islas Baleares, que registraron un aumento significativo del número de llegadas por mar, alcanzando los 7.321 migrantes en 2025, frente a los 5.882 de 2024. Esto representa un incremento de 1.439 personas, es decir, un 24,5 %. El número de embarcaciones también aumentó de 349 a 401, con 52 barcos más, lo que equivale a un alza del 14,9 %.
En cambio, los datos confirman que la ruta hacia las Islas Canarias experimentó un descenso muy acusado, hasta situarse en 17.788 migrantes, frente a los 46.843 de 2024, lo que supone una reducción de 29.055 personas, equivalente a un 62 %, junto con una caída del número de embarcaciones de 692 a 263. Por su parte, las llegadas marítimas a la península ibérica bajaron a 7.787, frente a las 8.598 del año anterior, es decir, un descenso del 9,4 %.
También se registró una fuerte caída en las llegadas por mar a la ciudad de Ceuta, donde el número no superó las 4 personas, frente a las 28 de 2024. En la ciudad de Melilla, en cambio, se observó un ligero aumento, hasta los 25 llegados, frente a los 21 del año pasado.
De este modo, la ruta Argelia–Islas Baleares se consolida como el desafío más urgente. Se considera que la mayoría de las embarcaciones que alcanzan el archipiélago parten de las costas argelinas, lo que explica que Madrid y Bruselas concentren su preocupación en este itinerario concreto, especialmente ante las crecientes referencias a una falta de cooperación por parte de las autoridades argelinas para frenar las redes de tráfico y reducir las salidas de embarcaciones de migración irregular, en un contexto en el que el resto de rutas marítimas muestran una tendencia general de fuerte descenso.









