Entrevistada por Mohamed Charbi
María Dolores López Enamorado, conocida también como Lola López Enamorado, es Doctora en Filología por la Universidad de Sevilla (1996) y licenciada en Filología Semítica (opción arabo-islámica) por la Universidad de Granada (1986). Es la Primera Catedrática de Estudios Árabes de la Universidad de Sevilla.
De 2008 a 2020 dirigió sucesivamente los centros del Instituto Cervantes de Marrakech, Casablanca, Tetuán y Argel, desde los que ha gestionado también las extensiones de Agadir, Essaouira, Alhucemas, Larache, Martil y Chauen; el Aula Cervantes de Dakar, y los centros DELE de Malabo, Bata y Cabo Verde.
Desde 1987 ha formado parte de grupos de investigación sobre temas marroquíes y árabes, ha publicado numerosos trabajos -libros, capítulos de libros, artículos, reseñas- sobre temas de su especialidad (literatura, arquitectura, arte, tradiciones orales, política, emigración, historia) y ha impartido cursos y conferencias, y participado en numerosos congresos y comités.
Ha formado parte también de comités muy destacados, como el Comité de Seguimiento del Programa de Apoyo al Hispanismo Universitario Marroquí (Ministerio de Cultura de España y Universidad Mohammed V, Agdal-Instituto de Estudios Hispano-Lusos); o el Comité Asesor de Casa Árabe en Madrid.
Es miembro correspondiente del Instituto de Estudios Ceutíes. Fue miembro del jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, en su convocatoria 2013, en representación del Instituto Cervantes.
En 2008 fue condecorada con la orden del Wissam Al-Alaoui, otorgada por el rey Mohamed VI en reconocimiento a la labor de acercamiento y entendimiento entre España y Marruecos.
Y en 2020 ha sido condecorada también con la Cruz de la Orden de Isabel la Católica, otorgada por el rey Felipe VI, con el objeto de «premiar aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil, realizados por personas españolas y extranjeras, que redunden en beneficio de la Nación o que contribuyan, de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la Nación Española con el resto de la comunidad Internacional» .
En esta entrevista concedida al diario “Mares30”, la arabista y Catedrática española Lola López Enamorado aborda varios temas de suma importancia: su primer contacto con la lengua árabe, la situación del idioma árabe en España, la imagen de lo árabe y lo islámico en España, Al-Ándalus, la literatura árabe, Hispanismo marroquí, Marruecos, etc.
– Usted es Doctora en Filología por la Universidad de Sevilla (España) y es la primera Catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la misma universidad.
Háblenos un poco sobre sus primeros contactos con la lengua árabe. También quisiéramos saber el porqué de su interés por los Estudios Árabes e Islámicos.
– Mis primeros contactos con la lengua árabe fueron casi un flechazo. Recuerdo perfectamente aquellas letras en la pizarra, tan distintas, tan bellas, tan llenas de historia. Me fascinaron desde el primer día. Lo que comenzó como curiosidad intelectual se convirtió muy pronto en una vocación.
Elegí los Estudios Árabes e Islámicos porque intuía que detrás de esa lengua había un universo cultural inmenso que en España conocíamos muy poco y, a veces, mal.
Sentí que estudiar árabe no era solo aprender un idioma, sino abrir una puerta a otra forma de entender el mundo.
– ¿Todavía hay interés en España por los Estudios Árabes e Islámicos?
– Sí, sigue habiendo interés, aunque quizás no siempre en la medida que sería deseable. España no puede comprenderse a sí misma sin conocer su pasado andalusí, ni puede entender su presente sin mirar al sur, a los países árabes, al Mediterráneo.
Hay jóvenes que se acercan al árabe por razones profesionales, otros por interés cultural y otros por compromiso social. Yo siempre digo que estudiar árabe es también un ejercicio de apertura mental.
– En general, ¿cómo ven los españoles lo árabe y lo islámico?
– Depende mucho de la información que se tenga. Cuando el conocimiento es profundo, la mirada es respetuosa y admirativa. Cuando la información es sesgada o superficial, aparecen prejuicios.
Existe una parte de la sociedad española que ve lo árabe desde la ignorancia o desde el miedo, pero también hay una sociedad cada vez más consciente de la riqueza cultural, histórica y humana del mundo árabe e islámico. El reto está en que el conocimiento sustituya al estereotipo.
– ¿Cómo ve la situación actual del idioma árabe en España?
– El árabe en España vive una situación paradójica. Por un lado, es una lengua estratégica, hablada por millones de personas y fundamental en nuestras relaciones internacionales.
Por otro, su presencia en el sistema educativo aún es limitada. En la universidad mantiene su espacio, pero necesitamos reforzar su enseñanza en etapas educativas más tempranas y dotarla de mayor normalización social.
– Usted ha formado parte del Comité de Seguimiento del Programa de Apoyo al Hispanismo Universitario Marroquí. ¿Cómo analiza la situación actual del Hispanismo marroquí en general?
– El Hispanismo marroquí tiene una tradición sólida y una vitalidad admirable. He conocido generaciones de hispanistas marroquíes extraordinariamente formados y comprometidos.
A pesar de las dificultades estructurales, el interés por la lengua y la cultura españolas en Marruecos sigue siendo muy fuerte.
Creo que la cooperación académica entre ambos países debe intensificarse, porque el intercambio sin duda enriquece a las dos orillas; nos enriquece a todos.
– Hablando sobre la historia de Al-Ándalus, ¿por qué algunos españoles siguen dando la espalda a la herencia cultural arabo-musulmana que ahora forma parte de su identidad?
– En ocasiones dar la espalda a la herencia arabo-musulmana responde al desconocimiento o a lecturas ideologizadas de la historia.
Al-Ándalus forma parte de nuestra identidad cultural, lingüística y patrimonial. Negarlo no la borra; simplemente empobrece nuestra comprensión de nosotros mismos.
Aunque algunos quieran manipular y reinterpretar la historia, aceptar esa herencia no es una cuestión política, sino histórica y cultural.
– ¿Qué papel pueden desempeñar los arabistas españoles para tender puentes entre la Península Ibérica y el mundo árabe-islámico y derribar estereotipos y prejuicios?
– Los arabistas tenemos una responsabilidad enorme: traducir, explicar, contextualizar y desmontar tópicos, algunos muy enraizados en ciertos sectores de la población.
Los arabistas somos mediadores culturales. Nuestro papel no es solo académico, sino también social.
Cuando explicamos la literatura, la historia o el pensamiento árabe con rigor y respeto, estamos construyendo puentes invisibles que sin duda ayudan a derribar prejuicios.
– ¿Qué podría decirnos sobre la literatura árabe?
– La literatura árabe es de una riqueza extraordinaria, tanto en su tradición clásica como en su producción contemporánea.
Es una literatura profundamente humana, atravesada por la poesía, la memoria, la identidad y la resistencia. Desde la poesía preislámica hasta la novela actual, ofrece una mirada compleja y matizada del mundo árabe que rompe cualquier simplificación.
Además de leerlos y estudiarlos, he tenido la suerte y el honor de conocer personalmente a muchos escritores en lengua árabe, entre otros Nayib Mahfuz o Mahmud Darwish.
– ¿Qué representa para usted el escritor árabe Nayib Mahfuz?
Nayib Mahfuz representa para mí la universalidad de la literatura árabe. Con él, el mundo entendió que la narrativa árabe contemporánea podía dialogar de igual a igual con cualquier tradición literaria. Supo retratar la sociedad egipcia con una profundidad humana que trasciende fronteras.
Es un referente imprescindible. Hice mi tesis doctoral sobre su Trilogía, Entre dos Palacios, Palacio del Deseo y La Azucarera, y tuve la suerte de compartir buenos ratos con él en la sede del periódico Al Ahram, en El Cairo.
Recomiendo la lectura de sus obras, a la vez que las de otros muchos autores y autoras que escriben en árabe, y que pueden leerse en español gracias a la excelente labor de los traductores.
– En 2008, usted fue condecorada con la orden del Wissam Al-Alaoui, otorgada por el rey Mohamed VI, en reconocimiento a su labor de acercamiento y entendimiento entre España y Marruecos. ¿Qué significa para usted esta condecoración Real?
– La condecoración del Wissam Al-Alaoui fue uno de los momentos más emotivos de mi vida. La recibí con enorme gratitud, porque Marruecos no es solo un país con el que he trabajado, sino un país que forma parte de mi historia personal.
He vivido allí muchos años y he compartido vida y proyectos con su gente, aprendiendo otra forma de entender el tiempo, la hospitalidad y las relaciones humanas.
Mi vinculación con Marruecos es profesional, pero también profundamente personal y afectiva.
Allí crecí como gestora, como académica y como persona. Sentí esa condecoración como un reconocimiento no solo a mi trabajo, sino al compromiso sincero que siempre he tenido con este país y con sus gentes.
– Doce años después, o sea, en 2020, usted fue condecorada también con la Cruz de la Orden de Isabel la Católica, otorgada por el rey Felipe VI, con el objeto de «premiar aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil, realizados por personas españolas y extranjeras, que redunden en beneficio de la Nación o que contribuyan, de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la Nación Española con el resto de la comunidad Internacional». ¿Qué hay que hacer para fortalecer aún más las relaciones entre Marruecos y España?
– Para fortalecer las relaciones entre Marruecos y España necesitamos más conocimiento mutuo y más intercambio académico, cultural y humano.
Las relaciones políticas pueden fluctuar, pero los lazos entre las sociedades son los que permanecen.
Las universidades tienen un papel clave en este proceso: deben impulsar la movilidad estudiantil, los proyectos de investigación conjuntos y los espacios de diálogo permanente.
Apostar por la educación y la cooperación cultural sostenida en el tiempo es la mejor garantía de una relación sólida y duradera entre ambas orillas.
– Usted dirigió sucesivamente los centros del Instituto Cervantes de Marrakech, Casablanca y Tetuán, además de las extensiones de Agadir, Essaouira, Alhucemas, Larache, Martil y Chauen. Háblenos de esta experiencia en Marruecos.
– Dirigir los centros del Instituto Cervantes en Marruecos ha sido una de las experiencias más interesantes e intensas de mi vida profesional y personal.
En cierto modo, fue una continuidad natural de mi vida universitaria, pero en otro escenario: seguía trabajando por la lengua, la cultura y el diálogo entre las dos orillas, aunque ahora desde la gestión institucional.
Fue una oportunidad extraordinaria que me permitió representar a España, conocer Marruecos a fondo, impulsar proyectos culturales ambiciosos y fortalecer la cooperación académica. Aprendí a gestionar equipos, a escuchar y a comprender mejor la complejidad y la riqueza de nuestras relaciones con Marruecos.
– ¿Cómo ve Marruecos?
– Veo Marruecos como un país dinámico, lleno de contrastes y de una energía extraordinaria.
Es un país en transformación, con retos importantes, pero también con una enorme capacidad de adaptación y de crecimiento.
Su gente es hospitalaria, trabajadora y profundamente orgullosa de su cultura y de su historia. Siempre me ha impresionado la fuerza de sus mujeres, tanto en el ámbito académico como en la vida cotidiana, y el empuje de su juventud.
Marruecos es un país complejo, como todos, pero también vibrante, magnífico y lleno de matices; un país que se puede disfrutar desde la primera visita, pero que se comprende y se ama de verdad cuando se comparte su día a día.
– Por último, ¿qué mensaje(s) quiere transmitir a los lectores españoles y árabes?
– A los lectores españoles les diría que miren al sur sin prejuicios, con curiosidad y con humildad. Marruecos no es un estereotipo ni un titular: es una sociedad rica, diversa y profundamente humana.
A los lectores árabes les diría que en España hay muchas personas que admiramos y respetamos sinceramente su cultura, su historia y su presente.
El conocimiento es el mejor antídoto contra el miedo, y el contacto directo transforma las miradas. Si conseguimos escucharnos más y juzgarnos menos, descubriremos que lo que nos une es mucho más fuerte que lo que nos separa.









