Entrevistado por Mohamed Charbi
Miguel Ángel Manzano Rodríguez (Badajoz, 1962), licenciado en Filología Semítica (Árabe e Islam) por la Universidad Complutense de Madrid en 1986. Se doctoró en la misma Universidad en 1990. Ahora es Catedrático de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad de Salamanca.
Es miembro del Instituto de Estudios Medievales y Renacentistas (IEMYRhd) y director del grupo de investigación de Estudios Árabes e Islámicos (ESARIS) del mismo centro y Universidad.
Es asimismo colaborador de la Cátedra Al-Andalus Magreb de la Universidad Adolfo Ibáñez de Santiago de Chile.
Ha trabajado en numerosos proyectos de investigación relacionados con la historia y la historiografía del Magreb bajomedieval (especialmente el Sultanato Meriní de Fez), temática sobre la que ha publicado monografías, contribuciones en obras colectivas y artículos en revistas especializadas.
Ha sido responsable, por ejemplo, del proyecto coordinado Geografía Cultural del Mágreb y Dinámicas Humanas en el Norte de África (MAGNA) y del subproyecto “Geografía Cultural del Mágreb Islámico Medieval y Moderno en la Red (GEOMAGRED)” (2018-2021).
Entre sus últimas publicaciones pueden mencionarse las siguientes: Aproximación a una geografía sinóptica de al-Andalus: el Taqwim al-buldan de Abu Al-Fida’ (m.732/1331) (2021); Al-Andalus y el Mágreb. Miradas Trasatlánticas (volumen colectivo coordinado con D. Melo, 2019);…
Otras líneas de trabajo que ha seguido en su trayectoria académica son la didáctica de la lengua árabe, informática y estudios árabes.
En esta entrevista concedida al diario Mares30, el Catedrático y arabista español Miguel Ángel Manzano habla sobre varias cuestiones de suma importancia: su primer contacto con la lengua árabe, la situación actual del árabe en España, la imagen de lo árabe y lo islámico en España, las aportaciones de los musulmanes en el ámbito científico y artístico, el Sultanato Meriní, las relaciones entre España y el mundo árabe-islámico, las relaciones culturales entre Marruecos y España, el papel de los arabistas españoles para tender puentes entre la Península Ibérica y el mundo árabe-islámico?, Marruecos, etc.
– Usted es Doctor en Filología (Árabe e Islam) por la Universidad Complutense de Madrid y Catedrático en el Área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Salamanca.
Háblenos un poco sobre sus primeros contactos con la lengua árabe.
– Mi primer contacto con la lengua árabe fue realmente una casualidad. Yo me matriculé en Filología Inglesa en la Universidad Complutense de Madrid y me hubiera gustado escoger griego como segunda lengua. Pero en el curso previo a la Universidad (el antiguo COU) no pude continuar el estudio de esta lengua, que sí había cursado en el bachillerato. Entonces me recomendaron el árabe y fue todo un descubrimiento. Al año siguiente ya no seguí en Filología Inglesa, sino que me matriculé en segundo, pero de Filología Semítica. Tuve que hacer un gran esfuerzo para ponerme al nivel de mis compañeros. Pero el resultado fue satisfactorio.
– ¿Todavía hay interés en España por los “Estudios Árabes e Islámicos”?
– No son buenos tiempos para los Estudios Árabes e Islámicos, pero no solo en España, sino yo diría también en Europa. En realidad, estamos asistiendo a un arrinconamiento, a un menosprecio de las Humanidades. Y los estudios filológicos e históricos, que forman parte de ellas, como también los Estudios Árabes e Islámicos, no están a salvo de esta consideración peyorativa.
En el caso concreto de los Estudios Árabes e Islámicos, la situación política española y europea no favorecen su desarrollo. El auge de la extrema derecha, que ve en el islam todos los males universales, es un freno muy serio para que haya interés por estos estudios, incluso en los niveles académicos superiores.
– ¿Cómo es la imagen de lo árabe y lo islámico en España?
– Actualmente la imagen de la cultura araboislámica en España es algo contradictoria. Por un lado, no cabe duda de que hay admiración ante los vestigios culturales que hemos recibido de la presencia islámica en la Península durante novecientos años. Las personas corrientes se maravillan de monumentos como la Alhambra, la mezquita de Córdoba, la Aljafería, los arabismos o topónimos que hay en nuestra lengua, etc. Pero, por otro, sigue habiendo cierto recelo ante una tradición cultural desconocida, que se ve como una amenaza por las razones que he comentado en la pregunta anterior.
No faltará tampoco quien esté absolutamente entregado al enorme legado que los árabes nos transmitieron, viendo sus huellas en todas las facetas culturales. Esta visión es muy minoritaria y está a menudo algo distorsionada.
– ¿Cómo ve usted la situación actual de la lengua árabe en España?
– La veo muy bien porque ha cambiado radicalmente el enfoque didáctico. Cuando yo estudiaba, el método tradicional de leer un texto, traducirlo y comentarlo gramaticalmente era lo más habitual; diría incluso que era el único método. Ahora, sin embargo, al menos en los niveles iniciales, prevalece un enfoque comunicativo —sin que haya que evitar las explicaciones gramaticales y más aún en las facultades de filología.
Además, hay un interés no solo hacia la lengua estándar, sino también hacia las variantes dialectales. En España, por razones obvias, de todos los dialectos el que más interés despierta es el árabe marroquí.
– En el mismo contexto, usted ha publicado varios libros sobre la lengua árabe, junto con Victoria Aguilar Sebastián y Jesús Zanón, como por ejemplo, ¡Alatul!: Iniciación a la lengua árabe, Hayya natakallam al-arabiyya: Cuaderno para leer y escribir. Háblenos un poco sobre la importancia de este tipo de manuales para aprender el idioma árabe.
Estos manuales o cuadernos de apoyo están concebidos con el criterio que acabo de mencionar. Hay muchas posibilidades de enseñar a leer y escribir en árabe desde el principio. Pero, según nuestro enfoque, se trataba no solo de que el estudiante empezara a aprender signos y sonidos, que le resultaban totalmente nuevos, de manera desconexa o suelta. Había que conseguir que al mismo tiempo aprendiera sus primeras palabras y frases en árabe, que las repitiera de viva voz, que las escribiera y las leyera; que aprendiera incluso fonemas que todavía no podía escribir, pero son omnipresentes a la hora de saludar, de despedirse, etc.
Además, la ventaja de estos materiales, especialmente en el caso de ¡Alatul!, es que van acompañados de muchos audios, de manera que el estudiante los podía escuchar una y otra vez. Esta era una de las quejas habituales de cuantos daban sus primeros pasos con el árabe: entendían muy bien las clases, los ejemplos, pero, al llegar a su casa, se les olvidaba cómo escribir o pronunciar lo que habían aprendido. Como digo, con una obra como ¡Alatul! este problema queda solucionado.
Y otra de las ventajas de nuestros planteamientos es que los estudiantes se familiarizaran cuanto antes con la manera de escribir normalmente el árabe: sin las vocales breves. Si uno usa ¡Alatul! se da cuenta de que estas se intentan reducir a su mínima expresión: las palabras, cuando se usan por primera vez, aparecen con algunas vocales, pero más adelante, si vuelven a aparecer, estarán ya sin vocalizar o se alterna entre la vocalización y la falta de esta. Esta dificultad, en la que hay que insistir, como es obvio, hace que los estudiantes pierdan el miedo a encontrarse un texto árabe sin vocales. Y esto sí que supone un cambio radical en relación con mi época de aprendizaje: incluso en los últimos cursos de la carrera, nos seguían asustando los textos no vocalizados.
– ¿Qué podría decirnos sobre el Sultanato meriní de Fez?
– Esta pregunta es tan amplia como difícil de contestar en unas líneas. Por resumir al máximo, podría decir que el sultanato meriní —desde mi punto de vista y el de otros profesores marroquíes que lo conocen mucho mejor que yo—, sentó por primera vez las bases de lo que, pasado el tiempo, sería la futura nación de Marruecos. No solo se consideró heredero del califato almohade, al que sustituyó, política y militarmente, sino que proyectó una ideología oficial basada en el malikismo, la creación de madrasas y la captación de ulemas y sabios que consolidaron la tradición araboislámica recibida y dieron esplendor a las ciencias religiosas.
A ello se añadió su intento de aproximación a los sufíes, como forma de espiritualidad que acabará intrínsecamente ligada al mismo corazón de Marruecos. Los meriníes fueron, además, el último sultanato que intentó unificar de nuevo al-Andalus y el Magreb bajo una misma autoridad política (como hicieron los almohades). Ello les concedió un estatus de potencia hegemónica —si se me permite el término anacrónico— que llegó a amenazar seriamente los avances cristianos en la Península Ibérica. El sultanato meriní es, sin duda, un período histórico decisivo en la historia del Magreb medieval.
– ¿Cómo ve las aportaciones de los musulmanes andalusíes en el ámbito científico y artístico?
– Estas fueron, sin lugar a duda, muy numerosas y de altísimo nivel. Para responder una pregunta como esta, habría que mencionar muchísimos trabajos de arabistas españoles clásicos que han puesto de relieve las importantes aportaciones en no pocas especialidades: las matemáticas y la astronomía; la gestión del agua de regadío y la agronomía; la medicina, la botánica o la farmacopea; incluso la gastronomía. Y algo no menos importante: la preservación del saber clásico y la transmisión de textos científicos. Estos se tradujeron del griego al árabe y de ahí se vertieron posteriormente al latín y más adelante a las lenguas romances. Gracias a esta labor fue posible el Renacimiento europeo.
– En 2022, usted ha publicado, junto con la Dra. Helena de Felipe, un libro titulado MAGNA: Una geografía cultural y humana del Magreb. Háblenos un poco sobre este libro.
– Este volumen colectivo fue el resultado del proyecto coordinado de investigación que llevaba un título casi idéntico (Geografía Cultural del Mágreb y Dinámicas Humanas en el Norte de África -MAGNA-). En él se agrupaban dos subproyectos, el primero de los cuales estaba dirigido por mí y abordaba el estudio del territorio y la toponimia, y el segundo lo dirigió la profesora Helena de Felipe (UAH) y estudiaba los grupos humanos y las movilidades.
Además de preparar un portal de contenidos —organizado sobre topónimos y etnónimos magrebíes, que se ha continuado en el proyecto MAGNA II (https://proyectomagna.org/; todavía en fase de desarrollo, pero de libre acceso)— el libro recoge las aportaciones de especialistas nacionales e internacionales sobre aspectos diversos relacionados con el proyecto: representaciones historiográficas sobre el Mágreb, toponimia y lingüística amazige, cuestiones sobre poblamiento y grupos humanos, así como los recursos naturales y el medio físico en perspectiva histórica.
– ¿Cómo ve las relaciones actuales entre España y el mundo árabe-islámico?
– Personalmente las veo bien. España siempre ha mantenido excelentes relaciones con los países árabes y las sigue manteniendo. Incluso en momentos en los que hay conflictos internos entre algunos países árabes, España conservado sus buenas relaciones con todas las dos partes. Y creo que también hay reciprocidad por parte del mundo araboislámico.
– ¿Qué papel pueden desempeñar los arabistas españoles para tender puentes entre la Península Ibérica y el mundo árabe-islámico?
– Nuestro papel, como el de los hispanistas árabes, es ejercer la diplomacia cultural. Como buenos conocedores del mundo araboislámico, entendemos y podemos explicar mejor su tradición cultural, transmitir sus valores y su historia, de la cual también hemos formado parte. Esto es especialmente relevante y necesario, en los tiempos que corren, como he señalado anteriormente.
– ¿Cuántas veces ha visitado Marruecos? ¿Cómo lo ve?
– Ya no recuerdo las veces que lo he visitado. Mis viajes han ido por fases. De estudiante y hasta la década de los 90 fui con frecuencia. Después hubo una pausa muy grande hasta el 2013, que asistí a un festival de cultura amazige en Fez, y volvió a haber otra gran pausa. Pero en los dos últimos años he viajado a Mohammedia, Agadir y nuevamente a Rabat, ciudad que siempre me gustó, incluso para vivir, y que hacía casi cuarenta años que no visitaba.
El cambio que ha experimentado el país desde mis primeros viajes es sencillamente colosal: en infraestructuras, comunicaciones, medios técnicos, instituciones, espacios urbanos. Es realmente impresionante y para mejor, claro está.
– Por último, ¿qué mensaje(s) quiere transmitir a los lectores españoles y árabes?
– Un mensaje muy sencillo que resulta tópico, pero no por ello menos cierto: los quince kilómetros del Estrecho de separación nunca han sido ni serán un obstáculo para mantener vivas las relaciones culturales e históricas que hemos compartido y debemos seguir compartiendo.









