Entrevistada por Mohamed Charbi
Rosa Isabel Martínez Lillo, licenciada en Filología Árabe por la Universidad Autónoma de Madrid en 1983. Doctorada en Filología Árabe por la la misma universidad en 1991.
Profesora Titular en la Universidad de Málaga donde imparte su docencia actualmente.
Sus líneas de investigación son: Lengua y Literatura Árabes, Traducción Literaria (Árabe/Español-Italiano), Mundo Árabe Contemporáneo, Alándalus desde la perspectiva contemporánea, Árabes en América, etc.
Entre sus publicaciones se encuentran ensayos, estudios y traducciones poéticas, entre las que se encuentran Primer cuerpo…último mar (Huergayfierro, 2007), Excepto yo (El Gaviero, 2012), Historia desgarrándose en cuerpo de mujer (Huergayfierro, 2012), Poesía árabe: una antología, en colaboración (El Zorro Rojo, 2017), etc.
En esta entrevista exclusiva concedida al diario “Mares30”, la arabista y traductora española Rosa Isabel Martínez aborda varios temas de suma importancia: su primer contacto con la lengua árabe, la situación del idioma árabe en España, la imagen de lo árabe y lo islámico en España, Al-Ándalus, la poesía árabe, traducción, Marruecos, etc.
– Usted es Doctora en Estudios Árabes e Islámicos por la Universidad Autónoma de Madrid (España).
Háblenos un poco sobre sus primeros contactos con la lengua árabe. También quisiéramos saber el porqué de su interés por los “Estudios Árabes e Islámicos”.
– Yo nací en El Cairo y, a pesar de que me vine a España siendo un bebé, el primer aire que entró en mis pulmones, lo que me dio vida, fue el aire cairota. Por eso, la dedicatoria de agradecimiento a la capital egipcia en mi último libro sobre Salah `Abd Al-Sabur “Sonidos y silencios de un poeta sigiloso: Salah `Abd Al-Sabur (Egipto 1931-1981”)
En casa hablábamos castellano/español pero solían venir amigos árabes de mis padres: a mí me llamaba mucho la atención de aquellas personas tan cálidas, que se acariciaban los pies con una mano y con la otra portaban una flor cuyo aroma olían, que sonreían y acariciaban con la mirada, que fumaban la shisha que se iban pasando unos a otros…Esa sensación de calidez, de acogida, de humanidad, me llegó al alma.
De adolescente comencé a leer las novelas de Naguib Mahfuz (traducidas al castellano) y me impactó ese mundo egipcio tan bien descrito por el autor: solo faltaba el aroma, que casi casi te llagaba por la magistral pluma de Mahfuz, esos personajes tan viscerales, esa pulsión interna de cada rincón cairota, ese “conflicto” entre lo latente y lo patente, de corte tan sufí.
Cuando me matriculé en la Universidad Autónoma de Madrid, lo hice con la idea de licenciarme en Filología Hispánica (siempre me ha atraído el Siglo de Oro, la prosa de la Generación del 98 y la poesía de la Generación del 27, como ejemplos primordiales). Pero resultó que en primer año de carrera tuve un profesor de árabe extraordinario: Pedro Martínez Montávez; de tal modo que en segundo año ya estaba totalmente decidida a estudiar Filología Árabe.
Viajé a Egipto para realizar mi tesis doctoral y visité numerosos países árabes: además de Egipto, Iraq, Siria, Líbano, Jordania, Yemen, Marruecos, Libia, Túnez y Qatar. De todos ellos siempre quedé atrapada por sus gentes y su poesía. En efecto, los árabes y la poesía árabe es lo que más me llega de esa realidad.
– ¿Todavía hay interés en España por los “Estudios Árabes e Islámicos”?
– Sí, claro, hay interés y siempre lo habrá, en mayor o menor grado y dependiendo de geografías y situaciones socio-políticas.
– ¿Cómo es la imagen de lo árabe y lo islámico en España?
– No es posible generalizar, pues depende de tiempos, espacios y realidades socio-políticas. Lo que sí suele suceder es que no se conoce (intencionadamente o no) la diferencia entre árabe e islámico y, por lo general, se ignora qué es el Islam.
– Usted ha enseñado en varias universidades del mundo: España, Italia, República Checa, América Latina,… ¿Cómo ven los estudiantes de estos países la cultura árabo-islámica?
– También depende de cada país, ciudad y, en definitiva, realidad. En Chile, por ejemplo, hay uno de los centros de estudios más reconocido, me refiero al Centro de Estudios Árabes Eugenio Chawán de la Universidad de Chile, y, puesto que en Santiago existe una muy numerosa comunidad de origen árabe -principalmente palestinos-, el vínculo con el elemento árabe es notorio, quizá no tanto con lo islámico, puesto que la mayoría son cristianos.
En Italia, todas mis experiencias han sido también realmente gratas: desde Florencia hasta Lecce, pasando por Roma y Nápoles, en general el estudiantado conoce bastante bien la cultura árabo-islámica y suele apreciarla.
– Hablando sobre la historia de Al-Ándalus, o mejor dicho, la presencia musulmana en la Península Ibérica, ¿qué hace falta para hacer que los españoles vean lo árabe y lo islámico a través de otros ojos?
– Yo hablo de Alándalus y lo escribo así (sin guión, puesto que es un término y una realidad en sí).
Lo que hace falta, en mi opinión, desde la academia -la universidad-, que es mi ámbito profesional, es tratar de apreciar lo que fue Alándalus desde la pluralidad, tratar de integrar varias dimensiones y no olvidar nunca el elemento cultural. Hubo encuentros y desencuentros, conflictos y soluciones…y, más allá de todo ello, hubo una cultura, lo que suele olvidarse.
– En lo que se refiere al campo de la traducción, usted ha traducido varias obras poéticas de algunos de los principales poetas árabes contemporáneos, incluyendo a Amal Dunqul, Salah Abd al-Sabur, Mahmud Darwish, Nizar Qabbani, Abd al-Wahhab al-Bayati, etc. Háblenos un poco sobre su experiencia en el ámbito de la traducción. ¿En qué reside la dificultad a la hora de traducir poesía del árabe al español?
– Siempre traducir poesía (yo traduzco del árabe al español y al italiano) es tan complicado como apasionante. En mi opinión la dificultad primera reside en no apreciar, sentir, entender qué significa la traducción literaria, la poética en este caso. Creo que lo primero, más allá de entender literalmente el poema, es sentirlo, experimentarlo en el interior físicamente…Como dice Adonis: “No recuerda el espíritu, sino el cuerpo”.
En mi experiencia como traductora trato de que el poema “se me adentre”, valga la expresión, se adueñe de mis vísceras, mi mente y mi alma, repose todo lo que precise dentro y, después, salga en la lengua de llegada. Ahí soy consciente de la “calidad” de la traducción: después de traducir el poema ya no soy la misma persona, sino que me he enriquecido humanamente con esa experiencia poética.
– En la misma línea, ¿qué podría decirnos sobre la literatura árabe?
– En general es de gran calidad, así como los traductores que la han dado a conocer y siguen haciéndolo. En mi opinión, la mayoría de las obras de los grandes, como Taha Hussein, Tawfiq Al-Hakim y Mahfuz, entre otros muchos, están excelentemente traducidos, comenzando por Emilio García Gómez.
– ¿Qué podría decirnos sobre la figura de don Quijote en la poesía egipcia contemporánea?
– Escribí un artículo sobre el tema. La figura de don Quijote puede verse desde diferentes puntos de vista: un caballero andante, un luchador infatigable de causas perdidas, una metáfora del soñador contemporáneo. Me quedo con la frase que dijo un día en clase el Dr. Jaled Al-Karaki en la asignatura de “Degustar el texto literario” un semestre que estuve matriculada en la Universidad de Amman: “A los árabes solo les queda soñar”.
– ¿Qué representa para usted el gran arabista español Pedro Martínez Montávez? ¿Cómo califica el arabismo español hoy por hoy?
– Como profesor en el aula, sin duda fue único: su manera de enseñar, de introducirnos a la gramática árabe, a la semántica árabe, a la lengua en general y a la cultura, a las gentes, a los árabes. Nos hizo saber y sentir que los árabes son, ante todo, ser humanos y, en ese sentido, precisan en primer lugar libertad; libertad para ser ellos mismos, para vivir. Sus clases eran un verdadero goce, además de una verdadera sabiduría. Le confieso que yo me matriculé en la Universidad Autónoma de Madrid para estudiar Filología Hispánica (pues amaba y amo la poesía española –“La Generación del 27”, entre las principales-, y el teatro del Siglo de Oro), pero en primer curso tuve al Prof. Martínez Montávez y me cautivó…Nunca me arrepentí. Estudiar Filología Árabe ha sido uno de los mejores aciertos de mi vida, pues los árabes me han enseñado tanto: a disfrutar el presente, a amar, a ser feliz con lo mínimo…si bien, a partir de la Guerra Iraq-Kuwait, la arabidad comenzó a desaparecer y supuso una gran crisis personal y profesional. Por eso precisamente, comencé a viajar más a Italia y posteriormente a América, con la investigación de los árabes en América. A pesar de eso, sigo amando a los árabes, en tanto que seres humanos.
El arabismo español hoy…un tanto complicado resumirlo en unas líneas. Yo, personalmente, he seguido y sigo una línea autónoma e independiente. En la Universidad de Málaga me encuentro realmente bien a todos los niveles.
– ¿Cómo ve las relaciones actuales entre España y el mundo árabo-islámico?
– Es un tema también complicado y que necesitaría muchos apartados, secciones y matices. Creo que no es posible generalizar. No hay un mundo árabo-islámico, ni hay una sola manera de “España”.
En cualquier caso, y resumiendo al máximo, veo que hoy por hoy, la realidad más cercana a España en este sentido sería la marroquí.
Opino que hemos tenido, en tanto que españoles, muchas oportunidades beneficiosas con el mundo árabo-islámico y las hemos ido perdiendo, lamentablemente.
– ¿Qué papel pueden desempeñar los arabistas españoles para tender puentes entre la Península Ibérica y el mundo árabe-islámico?
– No hay un solo tipo de arabista y arabismo en la Península Ibérica, insisto, como no hay una sola realidad árabe-islámica.
Yo, personalmente, desde la UMA, y debido a mis últimas investigaciones, fomento los lazos con las zonas americanas de numerosa población de origen árabe: Chile, Argentina, México, Brasil, La Triple Frontera del Paraná; desde la REDUMAxPalestina, apoyamos la causa palestina -que nunca hay que olvidar-. También continúo con la traducción literaria, por ejemplo, estoy traduciendo con la Prof. Argelina Khordj Omaiza, de la Univ. de Mustaganem, la magnífica novela de Wasini Al- A`raj “Al-bayt al-andalusi”.
– ¿Cuántas veces ha visitado Marruecos? ¿Cómo lo ve (su gente, su infraestructura, sus paisajes,…)?
– Marruecos lo he visitado en cuatro ocasiones. Es un país muy rico en variedad: formas de habla, tipología humana, paisajes, olores, sabores, colores,… La última vez lo visité con mi padre, el Prof. Martínez Montávez, y lo disfrutamos mucho. Estábamos viendo un partido de fútbol en una cafetería, llena de marroquíes, y recuerdo que mi padre me comentó en tono jocoso y con una gran sonrisa (tenía mucho sentido del humor y ambos compartíamos la pasión por ese deporte… a mí me sigue apasionando): “Hija, parece la revuelta de los Benimerines”.
– Por último, ¿qué mensaje(s) quiere transmitir a los lectores españoles y árabes?
– Transmitiría muchos. En fin, el mensaje principal sería el de la concordia, la tolerancia y la aceptación. Propondría aquello que propuse como título en un artículo que escribí sobre Adonis y su magnífico libro “La música de la ballena azul”: “Conocer para comprender”.









