20 junio 2026 / 01:22

La Casa del Periodismo

Un marroquí en América Latina: Una lectura sur-sur del continente

mares30 - diciembre 1, 2024

Abrighach Mohamed*

Tuve intención de leer L’Amérique Latine sous une perspective maghrébine de Abderrahman Beggar justo cuando salió en 2007 en la editorial parisina L’Harmattan. No la pude llevar a cabo en su momento y se me olvidó con el tiempo. Cuando mi amigo, el hispanista Moumene Essoufi, me informó que estaba traduciendo al español el libro y quería publicarlo, pensé que era oportuno que formara parte de la colección Literatura Marroquí en Español de la madrileña editorial Diwan Mayrit. Esta acogió positivamente la propuesta y después de un proceso editorial de casi dos años ha salido recientemente a la calle con el título de América Latina vista por un magrebí. Es así cómo he llegado a leer finalmente la obra en cuestión durante esta semana. Una lectura que he realizado, primero, con atención y curiosidad intelectuales, y segundo, con mucho placer estético porque la traducción es muy acertada no por haber sido el traductor solo fiel al texto, sino recogido la sensibilidad interna del mismo con más implicación y desde dentro.

 

He aprendido mucho del libro y me he identificado con envidiosa admiración con el autor en su manera de describir América Latina. Por ello, me ha parecido más que oportuno emitir en caliente mis breves impresiones sobre esta obra recién traducida con el objetivo de ofrecer mi opinión personal de hispanista y de dar una reseña convencional, nada científica, de la misma, esperando que guste al lector y le ayude a tener, al respecto, una idea aproximativa. 

 

Unas palabras previas y necesarias sobre el autor. Abderrahman Beggar nació en un pueblo anónimo del Medio Atlas, cercano a la marginal y pequeña ciudad de Khenifra. Pequeña ciudad, cosa muy curiosa que precisa señalar, que no estaba nada vinculada con lo español o el Marruecos español, pero fue pozo de famosos hispanistas como Ahmed El Gamoun, Abdeslam Azougagh, Mohamed Kersit, y de otros más jóvenes como Bouazza Assam y Rachid Boussad, entre otros. Seguramente fruto de la anónima y nada reconocida labor de unos profesores de lengua española quienes, en aquel entonces, se entregaban a su profesión con vocación y sacrificio. La supuesta “españolidad”, por así decir, del Atlas estaba solo en la imaginación colonial peninsular cuando se pregonaba en el siglo XIX y siguiente que España empezaba en los Pirineos y acababa en el Atlas. 

 

Beggar es una rara avis en nuestro hispanismo. Es desconocido entre los hispanistas jóvenes de hoy y supongo que, también, entre los de su generación, los nacidos en la década de los sesenta del siglo pasado, a excepción tal vez de sus compañeros de clase en la Universidad de Fez. Su carrera académica es también peculiar. Licenciado por la citada universidad de origen en Filología Hispánica, se doctora en la de la Sorbona en la misma especialidad, con una formación paralela en antropología social. Después de una experiencia de enseñanza en suburbios parisinos, acaba en Canadá, particularmente en la Universidad Wilfrid Laurier en que es, actualmente, catedrático de literatura comparada y religión. Su obra está casi enteramente en francés: dos novelas y cinco ensayos, dos de ellos, incluido L’Amérique Latine sous une perspective maghrébine, son de temática hispanoamericana. 

 

No tengo constancia de cómo fue acogido críticamente el libro en Francia. Sin embargo, podría afirmar, esperando no equivocarme, que ha sido injustamente poco considerado en Marruecos en general, a excepción de dos estudios, uno en francés y otro en español, y de una traducción parcial al árabe. Una injusticia porque América Latina vista por un magrebí es el único de su naturaleza escrito por un marroquí sobre el continente latinoamericano, y nada comparable con lo que se ha publicado en las dos últimas décadas por otros marroquíes, sean escritores, hispanistas o embajadores. Lo es así de singular, heterodoxo en palabras de Essoufi, por el análisis ofrecido de América Latina, la perspectiva adoptada y la empatía con que la escribe, cuenta y analiza. 

 

América Latina vista por un magrebí está compuesto de veinte capítulos, algunos de ellos son artículos que salieron a principios del segundo milenio en el periódico francófono marroquí Libération, y los demás son inéditos. Abderrahman Beggar aborda en ellos aspectos de la realidad étnico-humana y político-social de los siguientes países latinoamericanos: México, Argentina, Cuba, Brasil, Nicaragua, Uruguay, Paraguay, Honduras, Guatemala, San Salvador, Santo Domingo y Belice. Es decir, casi todo el continente o, más bien, la mitad del mismo. Son textos en que se mezclan sin limes divisorios narración, reflexión, literatura de viaje, autobiografía, política, antropología, etnología e historia. Su lenguaje es dominantemente descriptivo-analítico, pero de vez en vez se torna en poético en algunos pasajes en que usa un acusado estilo líricamente telegráfico y enumerativo. 

 

El mundo latinoamericano que enfoca Beggar se articula sobre dos bases esenciales: un profundo conocimiento adquirido a través del estudio y la lectura durante los largos años de la carrera y una experiencia in situ en contacto directo con los protagonistas anónimos y poco conocidos de sus textos, sean indígenas o criollos, campesinos o citadinos, adquirida en muchos de los continuos viajes que no dejó de realizar el autor desde los años noventa, primero como estudiante y aprendiz de antropología en Francia, y segundo, como investigador universitario en Canadá. Una experiencia que en ocasiones estaba llena de duras e insoportables adversidades porque suponía, como ocurre en sus vivencias en la Amazonia brasileña y la selva de México y Santo Domingo, vivir como un indígena entre los autóctonos asumiendo sus costumbres y maneras de vivir, mayormente precarias, cuando no primitivas. 

 

El modus operandi antropológico que utiliza nuestro hispanista-antropólogo rehuyendo perjuicios, supremacismo cultural y sentimiento clasista, le ayudó, sin lugar a duda, a vivir de cerca la cultura latinoamericana, a sentir los males y contradicciones de su sociedad, a lamentar la precariedad social y el siniestro dominio de Estados Unidos en el continente y a admirar su exorbitante naturaleza, así como el sincretismo religioso de su población y su forma festiva y natural de celebrar su pertenencia africana. América Latina vista por un magrebí está atravesado por una especial empatía o proximidad emocional, social y espiritual, acaso étnica con respecto al mundo invocado en ella. Ningún sentimiento de extrañeza, exotismo o dépaysement, sino más bien y comúnmente de pertenencia y de estar en casa propia.

 

No sorprende que el autor compare las vivencias in situ y algunos aspectos de la realidad observada en sus viajes con otras semejantes o de igual espíritu experimentadas en su pueblo natal en Atlas. Una forma de hacer de lo otro, lo mismo y de lo ajeno, lo propio, comprobando, de resultas, que, entre Marruecos y América Latina, existe un parentesco atemporal e inconsciente en lo atinente a sus respectivas estructuras sociopolíticas y étnico-religiosas. Igual dialéctica la asumieron a la inversa varios hispanoamericanos en su ficción, viajes y arte plástico como son respectivamente los casos, por citar algunos, del mexicano Alberto Ruy Sánchez, del cubano Severo Sarduy y del chileno Claudio Bravo. Los tres encontraron en Marruecos una parte de sí mismos y se lo apropiaron sin dificultad.

 

Este espíritu con que Beggar describe y analiza a la par el mundo de América Latina no es esporádico y fruto azaroso de algún viaje literario o de una estancia diplomática, sino encarnación de una vocación primigenia y fundacional, de un sueño inicial que se remonta a una época también fundacional y condicionante de la vida personal: la infancia y la siguiente adolescencia, el locus mater sentimental por excelencia. Una vocación, una ilusión fundamentalmente intelectual que el propio hispanista llama síndrome hispánico. Según cuenta en el último capítulo, se inicia justo cuando compró a dos dirhams a un librero sin librería en el zoco de su pueblo, “un libro mugriento, probablemente destrozado por los afilados dientes de un ratón” (212), que se titula nada menos que Chilam Balam de Chumayel, traducido al francés por nada menos también que el famoso escritor Jean-Marie Le Clézio. Un libro que le abrió, según sus propias palabras, las puertas de todo un mundo y se convirtió en su razón de ser, cambiando su vida y guiando sus pasos. Es “una de las lecturas que marcaron y marcarán para siempre mi existencia”, añade a renglón seguido, porque el mundo que en él descubre, el de la civilización maya, y por extensión de los pueblos indígenas precolombinos, ejerció sobre él un poder hipnotizador y mágico. Le orientó a continuación a aprender el español como segunda lengua extranjera en una zona en que el castellano no interesaba a nadie, primero, en el liceo, después, en el Departamento de Estudios hispánicos de la Universidad de Fez, en que elabora su tesina sobre otra obra clave de la cosmología maya: El Popul Voh,  y, al final, termina con una beca de doctorado marroquí en la Universidad de la Sorbona estudiando simultáneamente filología hispánica y antropología social, y realizando viajes hacia el continente, conjugando así, como ningún otro hispanista marroquí, estudio y experiencia, teoría y praxis.

 

Debo señalar que el sueño de Beggar era común entre los hispanistas de su generación, los nacidos en los citados años sesenta; muchos de ellos tenían este síndrome hispanoamericanista. El escritor de estas líneas era uno de ellos. Mi primer libro leído era Cien años de soledad de García Márquez y también algunos de Pablo Neruda. Mi tesina de licenciatura la realicé sobre el mismo Libro de Chilam Balam de Chumayel. ¡Qué azar! La diferencia que nos separó del autor era el hecho de que no todos realizamos nuestro sueño visitando realmente América Latina e investigando sobre su cultura y civilización. En mi caso, mi destino fue España; a los demás les pasó igual, si bien que otros se conformaron con aterrizar en la enseñanza y demás profesiones manteniendo su vocación por América Latina, si no olvidada, al menos en la órbita exclusivamente libresca.

 

Beggar Abderrahman es, en mi humilde opinión, uno de los pocos hispanistas marroquíes que consiguieron convertir el sueño en realidad en este campo. América Latina vista por un magrebí es, por ello, un libro esencialmente particular en nuestro hispanismo marroquí y por extensión árabe porque el autor pudo superar, aunque sin abandonarlo del todo, el filologismo que caracterizó a nuestro gremio académico, y se abrió al mundo de la antropología y las religiones. El resultado fue una visión sentida y vivida a la vez de América Latina, una lectura, en definitiva, horizontal, sur-sur, inédita en términos de alteridad y empatía.   

Escritor e hispanista

Beggar, Abderrahman, América Latina vista por un magrebí

Madrid, Editorial Diwan Mayrit, Colección LME, trad. Moumene Essoufi,  2024, 230 págs

 

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