Khadija Dakni
Lo que para muchos turistas puede parecer una curiosidad cultural, para otros se convierte en una auténtica lección de vida. Así lo vivió María, una joven catalana que viajó a Marrakech con una amiga y acabó protagonizando un vídeo viral en TikTok tras visitar un hammam tradicional marroquí. Su frase, directa y sincera “Los españoles no sabemos ducharnos”ha encendido las redes sociales y despertado un nuevo interés por las costumbres de baño en Marruecos.

María fue invitada por su amiga a vivir la experiencia auténtica de un hammam local, alejándose de las versiones más turísticas. “Me dijeron que me frotarían y me sacarían roña. No imaginaba hasta qué punto era cierto”, cuenta entre risas. Lo que encontró fue mucho más que un lugar para asearse: fue un ritual ancestral, compartido entre mujeres, que mezcla limpieza, relajación y conexión.
En el hammam, María fue sorprendida por la intensidad del lavado. Una mujer experta comenzó a frotarla con un guante de kessa y jabón negro un producto natural a base de oliva y eucalipto, retirando con energía impurezas que, según confesó, jamás pensó tener. “Salían bolitas negras de piel muerta. Pensé: ¿cómo nos estamos duchando en España?”, relató.
En Marruecos, el hammam es mucho más que un espacio para la higiene. Es un lugar de encuentro, de cuidado personal y espiritual, profundamente enraizado en la vida cotidiana. Las mujeres y los hombres acuden semanalmente a estos baños de vapor para limpiar el cuerpo, purificar el alma y fortalecer lazos comunitarios.

Después del lavado, sigue el enjuague con cubos de agua caliente, la aplicación de ghassoul (arcilla marroquí) y, muchas veces, un masaje con aceite de argán, símbolo del lujo natural marroquí. “Me sentí como un bebé”, dijo María, aún sorprendida por la suavidad de su piel y la sensación de renovación que sintió al salir.
La frase de María, aunque dicha con humor, ha tocado una fibra sensible en miles de personas que han comentado su vídeo. Muchos españoles se han mostrado asombrados por el nivel de limpieza que describe y se han cuestionado sus propias rutinas. Otros han defendido que la higiene también es cultural y que lo importante es respetar y aprender de las diferencias.
Para María, lo vivido en Marrakech fue un antes y un después. “Me llevo el guante como si fuera oro”, dijo, asegurando que intentará repetir el ritual en casa. Su experiencia ha servido como puente entre culturas, recordándonos que a veces, en los gestos más cotidianos como el acto de bañarse, se esconden siglos de tradición, sabiduría y belleza.
El hammam marroquí, patrimonio vivo en ciudades y pueblos , el hammam sigue siendo un pilar de la vida social. Su calor, sus aromas, y la hospitalidad que lo rodea forman parte de la memoria colectiva de generaciones. Para quienes lo conocen desde dentro, no es sorprendente que alguien como María haya quedado fascinada. Lo que sí sorprende es que, a través de su testimonio viral, esta tradición ancestral esté cruzando fronteras digitales para recordarnos que la verdadera limpieza, como la cultura, va más allá de lo superficial.









