20 junio 2026 / 02:32

La Casa del Periodismo

Vecinos…Leyendas y Profecías

mares30 - julio 6, 2024


Mohamed Benabdelkader

 

Parece que la ciertamente existente mitología nacionalista en Argelia se deriva de no entender hasta hoy en día cómo lograr un buen manejo del paradigma del tiempo, en el proceso de construir una nueva nación y muy particularmente, cómo medir el impacto de la percepción del tiempo en la elaboración de estrategias institucionales, que pretenden forjar una identidad nacional por medio del poder del Estado. De hecho, es a través de nuestra relación con el tiempo que podemos caracterizar ante todo el surgimiento de la conciencia nacional durante la evolución de la nación: la memoria que permite la supervivencia del pasado y la imaginación como invención del futuro.

 

Veamos primero lo de la memoria, señalando que algunos pueblos según Paul Ricoeur, sufren de demasiada memoria, como si estuvieran perseguidos por el recuerdo de humillaciones sufridas en el pasado, mientras que otros pueblos sufren de falta de memoria, como si huyeran de la pesadilla  de su propio pasado.

 

Memoria manipulada

 

En el caso de Argelia, es destacable que la guerra de liberación  que se llama «revolución», todavía se celebra como el acto fundacional de un nuevo Estado (República Argelina Democrática y Popular) pero también se vive todavía como un profundo trauma. El historiador argelino Mohammed Harbi, recordando los tabúes ligados a los conflictos internos del nacionalismo argelino, había estimado que “la cuestión de la identidad y la del autoritarismo son dos grandes problemas que hay que superar para avanzar hacia una Argelia nueva y pacífica». Lo triste es que  60 años después de la independencia, ni la cuestión de la identidad, ni la del autoritarismo se han superado, solo se ha mantenido la misma confusión entre la resistencia anticolonial (patriotismo) y el nacionalismo, entre enorgullecerse de su historia y manipularla, mientras que  el endurecimiento de la memoria se hizo más concreto y se convirtió prácticamente en una ideología del Estado.                                                                                                            

 

En su informe « Les questions mémorielles portant sur la colonisation et la guerre d’Algérie» el historiador francés Benjamin Stora nos advierte de que, en Argelia después de la independencia, la relación con la historia se hace más compleja, marcada por acontecimientos fundadores y fracturas esenciales, como la relación con la guerra, pero también por el hecho de que los actores de la arena política son también actores de la historia, los mismos que optaron al principio de la independencia, por establecer una guerra imaginaria como punto de referencia último. Esto permitió ocultar la dimensión política de la lucha, los actores y los acontecimientos. El referente de la guerra ha dominado los ámbitos intelectual y político. Así parecía a lo largo de los años que el recordatorio de la lucha contra el colonialismo es casi un ritual, que la Guerra de Independencia argelina no tenía fin, puesto que la convirtieron en una reserva inagotable de argumentos para los juegos políticos del presente, en una verdadera renta de memoria que sin saber cómo recordar el pasado colonial, contar la guerra de las arenas o abordar las lagunas de memoria de guerras internas, solo sirve a ejercer chantaje y manipulación.

 

El pueblo argelino merece ciertamente un destino mejor al que le están ofreciendo sus gobernantes con este  tipo de uso del pasado, contra productivo para su presente y comprometedor para su futuro.

 

Dejamos la memoria y su uso del pasado y pasemos a la imaginación y su invención del futuro. No cabe duda de que la imaginación  es la clave del ser humano y lo que lo diferencia del resto de criaturas, pero es también el motor de la evolución de la sociedad humana. La imaginación es lo que ha llevado y lleva a los diferentes cambios y metamorfosis de la humanidad, lo que ha guiado los pasos del ser humano hasta este mismo instante, de manera individual y colectiva. Es importante precisar que la imaginación que desempeña un papel importante en la invención del futuro, es concebida como una empresa colectiva que consiste en el acto de generar, a partir de fragmentos de conocimiento antiguo, nuevas ideas y posibilidades. Esta imaginación contribuye no solo a la construcción de mundos irreales o fantásticos (Utopia), sino también a la construcción de realidades y a la transformación de contextos. Confinada durante siglos al reino de los sueños y el arte, la imaginación hoy en día, utilizando una serie de nuevos métodos, puede influir  directamente en la realidad social y política,  prevenir el futuro,  protegerse  contra lo imprevisible, introducir la planificación allí donde reina lo imprevisto y transponer las certezas de hoy al mundo incierto de mañana.

 

“Saber es prever, prever es poder”. Esta frase de Augusto Comte refleja claramente el propósito y la meta de las actividades de previsión, de forma general, y la implicación del Estado en particular. A través de su acción en la política exterior, el Estado promueve la información, la imaginación, el uso y la aplicación  del conocimiento como instrumento mediante una estrategia integral para afrontar los retos, alcanzar  los objetivos y superar los desafíos en la preservación de su seguridad nacional y la defensa de sus intereses estratégicos.

 

Profecías revolucionarias

 

En el caso de nuestro vecino oriental, la imaginación adquiere otro significado que nada tiene que ver con la exploración de posibilidades futuras basada en indicios presentes, ni con aquella disciplina que permite anticipar y pronosticar el futuro mediante el Análisis Prospectivo, sino de otra práctica totalmente diferente, es la práctica del profetizar, y no cualquier profecía, sino  de tipo dogmática puro y duro, profecía de hombres llenos de fe “revolucionaria” que con un “don sobrenatural” anuncian cosas que han de suceder, o al menos así lo creen El primero de estos hombres “inspirados”,  fue Boumediene,  el autor de la famosa profecía sobre el “zapato marroquí”, así lo declaró el presidente argelino en los años 70 del siglo pasado “ la cuestión del Sahara será como una piedra en el zapato marroquí”. El objetivo fijado por Boumediane  era hacer tropezar a ese país para frustrar su progreso, y mejor aún, para estos fabulosos estrategas, contribuir -desestabilizándolo- a un cambio de régimen en una monarquía agotada que venía de dos intentos de golpe de Estado.

 

Y la piedra cambio de zapato

 

La Historia decidió otra cosa y la piedra parece que ha cambiado de zapato,  en otros términos la profecía de Boumediane, irónicamente se ha vuelto, con el paso de los años, contra su propio país. La Marcha Verde unió el frente político nacional. En las provincias recuperadas se puso en marcha el desarrollo sostenible  inexorable y verificable. La cohesión interna , más fuerte que nunca, ha creado las condiciones para la transición política y la democratización del país. Marruecos, firme en sus botas, se desarrolla, consolida el Estado de derecho, diversifica su economía y asegura su influencia internacional mientras que el régimen argelino se ha convertido en rehén de la cuestión del Sáhara marroquí. Una «causa» que en un principio utilizó para debilitar a Marruecos, pero que ahora se ha vuelto en su contra y se ha convertido en la piedra en el zapato de Argelia. O sea una profecía terriblemente fallida.

 

El segundo hombre “inspirado” del régimen argelino era Bouteflika, quien había anunciado su  profecía sobre “el Kuwait del Magreb”, durante su discusión con Kissinger en torno al  papel de Estados Unidos en la crisis del Sáhara . Bouteflika pidió a Kissinger que se involucrara más y presionara más a Marruecos para que aceptara un referéndum de la ONU sobre el destino de la región. Según los  documentos internos recientemente desclasificados del Departamento de Estado de los EEUU que abarcan el periodo 1974-1976, Henry Kissinger Secretario de Estado, se reunió en París el 17 de diciembre de 1975 con su homólogo argelino Abdelaziz Bouteflika quien intentó convencerle que un Sáhara independiente era viable y que sus recursos naturales podrían convertirlo en el Kuwait del Magreb

 

El “Kuwait del Magreb”

 

Kissinger: ¿Qué va a pasar en el Sáhara?
Bouteflika: Me gustaría ver si usted podría pensar en proponer una solución, porque es importante.
Kissinger: ¿Qué solución?
Bouteflika: Sólo hay una solución. Es un problema de principios. Podría haber un referéndum y Argelia aceptaría los resultados del referéndum.
Kissinger: Repito, no tenemos ningún interés en el problema como tal.
Bouteflika: Allí hay una gran riqueza. En 10 ó 12 años, será el Kuwait de la región.
Kissinger: Déjeme pensar qué se puede hacer. Lo pensaré. No me gusta prometer algo que no puedo hacer.

Eso fue hace casi medio siclo. Lo que ocurrió a lo largo de estos años es que el referéndum nunca tuvo lugar. El cuento chino de la pretendida república saharaui fue perdiendo lo poco que tenía de gracia. Los EE.UU reconocen la marroquinidad del Sahara, y lo más irónico es que  la situación catastrófica de los campamentos de Tinduf en territorio argelino, está ofreciendo a todo el mundo  una idea clara de lo que hubiera sido aquella entidad títere.  Ni siquiera Argelia misma con su gas y su petróleo logró convertirse en el “Kuwait del Magreb”.

 

Es así como la profecía comunicada por Bouteflika a Kissinger, sobre un “Estado independiente” y “próspero” en el Sahara marroquí resultó, desde el primer momento  una delirante y  absurda  profecía.

El ministro de la gaseosa

 

Nuestro tercer hombre en el círculo de falsos profetas, fue un tal Belaïd Abdesselam quien tuvo otra profecía no menos atrevida,  “Argelia será el Japón de África en el año 2000″, eso es lo que  le gustaba decir  hace cuarenta años. No obstante, la confianza del Jefe del Estado  Houari Boumédiène en su ministro de industria no era compartida por el pueblo, que lo apodaba «Ministre de la gazouz» ( ministro de la gaseosa). Cuando llegó el año 2000, nuestros vecinos ya estaban dando  el triste  ejemplo  de la paradoja tristemente sufrida por  un país que se encuentra a pesar de sus importantes recursos naturales, al borde de la bancarrota.  

 

Una lección de democracia

 

Otra profecía frustrada, la del general Larbi Belkheir, director del gabinete presidencial, que  declaró en junio de 1991: «Argelia va a dar una lección de democracia a Marruecos y Túnez”, y otra vez la Historia decidió  proseguir su recorrido  de modo diferente . Las elecciones legislativas de 1991 fueron marcadas por una victoria del FIS, que obtuvo casi el 48% de los votos, y una violenta represión cayó sobre el partido ganador,  dando lugar a casi diez años de guerra civil entre fuerzas estatales y grupos armados islamistas.  La cuestión fundamental ya no era como dar lecciones de democracia a los demás, sino como salir de una  década negra, que sumió al país en el terrorismo y la violencia política brutal.

 

Una obsesión nacional

 

Para terminar esta serie de profecías infructuosas.  Volvamos al  jueves 22 de diciembre de 2022, el día en que Tebboun tuvo un sueño, o mejor dicho una profecía, cuando durante la entrevista periódica concedida a representantes de los medios de comunicación nacionales, retransmitida por las cadenas de radio y televisión nacionales, el presidente de Argelia anunció que “el año 2023 estará coronado por la adhesión de Argelia a los BRICS”. Una afirmación que se ha repetido en todos los medios de comunicación argelinos hasta el punto de convertirse en una obsesión nacional.

 

El martes 3 de octubre de 2023, al recibir a un número mayor de lo habitual de responsables de la prensa argelina, el mismo Abdelmadjid Tebboune borra su profecía declarada nueve meses antes al responder lacónicamente a uno de los redactores presentes que le interrogó sobre Los motivos del rechazo de la solicitud de Argelia de ser miembro de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y República Sudafricana): «El expediente BRICS está definitivamente cerrado», informa el diario argelino El-Watan.

 

La amargura del Presidente

 

Fue grande la amargura del presidente argelino al ver derrumbarse todas las esperanzas basadas en una organización donde creía tener sólo amigos, pero también y es lo más importante, al ver su profecía perdiendo credibilidad debido a su incumplimiento, lo que en otro contexto diferente hubiera  dejado al profeta mismo completamente desacreditado.

 

Yo diría que a pesar de que nuestro Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era el último profeta que declaró el mensaje de Dios, y aunque el género profético, nada, absolutamente nada tiene que ver con el modo del pensamiento estratégico en el mundo de hoy, pues la emisión y difusión de profecías  seguirán  siendo para nuestros vecinos un fenómeno vital, según hemos podido apreciar mediante los ejemplos más arriba. Por lo tanto, las leyendas seguirán multiplicando el nombre de los mártires,narrando hechos fabulosos y héroes fantásticos, así que las profecías continuarán fallando como las predicciones de los testigos de Jehová que nunca se han cumplido.

 

* Exministro e investigador marroquí

 

Categorías : Análisis