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La Casa del Periodismo

Francisco Marcos Marín: “Detrás de todos los avances de la ciencia siempre hay un cerebro humano” (2/2)

Mares 30 - enero 12, 2025

Entrevistado por Mohamed El-Madkouri

(Universidad Autónoma de Madrid)

 

La primera parte de su entrevista ha suscitado mucho interés por parte de los lectores de Mares30, algunos de ellos, afamados e influyentes hispanistas marroquíes que han aprendido a perfeccionar su español con los libros de usted en los años ochenta y anteriores. Volvamos a abordar temas de gran interés, aunque quizá espinosos, surgidos de la lectura de su libro Dominio y Lenguas en el Mediterráneo Occidental hasta los inicios del español. 

 

En un fragmento de su libro aparece lo siguiente: “Es preciso consolidar la idea de que el latín tuvo un largo proceso hasta que dejó de usarse en el Norte de África, por ello la respuesta a la pregunta de qué lengua usaban para comunicarse los hispanos y los bereberes sarracenos tiene una respuesta sencilla, el latín, en sus variantes iberorrománicas y afrorrománicas. Esa facilidad de entendimiento ayuda a explicar el proceso de conquista y formación de Alandalús” ¿Nos podría, por favor, explicar y ampliar un poco esta idea de continuidad  lingüística y comunicativa entre las dos orillas del Mediterráneo Occidental?

 

El planteamiento debe tener en cuenta algunas fechas y algunos errores tradicionales de interpretación. Los romanos empiezan su largo proceso de instalación en Iberia y el norte de África a partir de la segunda guerra púnica, tras derrotar a los cartagineses, a finales del siglo III a. JC. En el siglo I, es decir, desde finales de la República y claramente en la era imperial, el dominio romano del Mediterráneo está plenamente consolidado. Los romanos (y ese ejemplo lo repitieron los castellanos en América) no tenían gran interés por imponer su lengua; pero los dirigentes de los pueblos administrados por Roma y los ciudadanos romanos, especialmente los legionarios convertidos en colonos, sí promocionaron una escuela en latín, para sus hijos, que llegó a alcanzar un gran prestigio, con nombres como Tertuliano o San Agustín. Los conquistadores germánicos, los vándalos, eran también hablantes de latín. 

 

Tenemos testimonios explícitos que recojo en el libro Dominio y lenguas. El error de interpretación más grave se refiere a la fecha del fin del Imperio Romano en el oeste. El imperio romano había continuado con capital en Constantinopla y con un gran centro administrativo y cultural en Rávena, en el norte de Italia. Los romanos (mal llamados bizantinos, por historiadores europeos occidentales tardíos) mantuvieron su dominio en el norte de África, donde derrotaron a los vándalos, y en el sur de Hispania. Aunque la capital se hubiera desplazado a oriente, a Constantinopla, zona de predominio del griego, el latín seguía siendo la lengua administrativa e incluso la lengua materna de emperadores, como el gran Justiniano (482-565), vencedor de los vándalos. Ciudades como Ceuta o Cartago eran ciudades de lengua latina. 

 

Los bereberes, un pueblo de gran lealtad lingüística, continuaron hablando sus lenguas; pero aprendieron el latín, como antes habían aprendido el fenicio-púnico, como lengua del comercio y la administración, lengua de poder y prestigio, en suma. El imperio romano terminó su fase occidental con la conquista de Rávena por los longobardos, en el año 751 d. C. En esa fecha los sarracenos habían conquistado todo el norte de África y estaban bien establecidos en Alandalús. 

 

En esa amplia área del Mediterráneo occidental los arabófonos se habían encontrado con dos lenguas, el bereber de la población en general y el latín, posiblemente ya evolucionado a afrorrománico, lengua de la administración, la iglesia cristiana y el comercio. Muchos hablantes tenían que ser bilingües. A juzgar por lo ocurrido después en América, no es aventurado suponer que un tercio de la población norteafricana hablaba latín cuando los sarracenos desembarcaron cerca de Algeciras en 711.

 

Hablemos de un tema controvertido y con cierta transcendencia que va más allá del ámbito investigador asomándose en el último sexenio por los medios de comunicación de España, el del binomio conquista/reconquista. Profesor Marcos Marín, aunque su libro termina con el nacimiento del español desde el punto de vista lingüístico, ha abordado también temas como la “reconquista” que usted ha llegado literalmente a llamar  conquista como en este fragmento: “Entre 711, fecha que marca el fin del reino visigodo y el inicio del establecimiento de musulmanes y arabófonos en la Península Ibérica y 1492, con la conquista de Granada y el fin del reino nazarí”, fue realmente la “reconquista” una reconquista teniendo en cuenta que estos dos términos de conquista/reconquista aparecieron con cierta virulencia en el siglo XIX, siglo del romanticismo y de la construcción de las identidades, por antonomasia, de la mano de Modesto Lafuente. ¿Por qué llama usted conquista a los que la historiografía tradicional llama reconquista?

 

Me parece que puede tratarse, en otros casos, de variantes estilísticas. En el de Granada, la palabra está justificada porque Granada sufrió un largo asedio, en buena medida debido a las grandes lluvias de finales del siglo XV, y fue conquistada militarmente. Volveremos a ello en la respuesta siguiente.

 

Desde la perspectiva de la pregunta anterior y en consonancia con ella, la palabra “reconquista” es gemela discursiva, en el discurso historicista, de “conquista”. Sin embargo, usted no las usa en su significado común habitual ideológico y político. De esto se pueden citar varios argumentos extraídos de su libro como: “Entre 711 y 1492 una parte del territorio de la Península Ibérica y las Islas Baleares estuvieron bajo dominio musulmán. Ese territorio fue progresivamente reduciéndose, a medida que los reinos cristianos se extendían hacia el sur o recuperaban las Islas, en un proceso que tradicionalmente se ha llamado «Reconquista«”. ¿Por qué entrecomilla `reconquista´?

 

Porque quiero señalar que, para mí, se trata simplemente de un término técnico, de uso tradicional y cómodo. Como discípulo de Américo Castro, defiendo que la España que se crea por los Reyes Católicos después de la conquista de Granada no es la España visigótica. Ignorar que el mundo hispánico se dividía en moros y cristianos es desconocer la lengua. La expresión “moros y cristianos” significaba “todo el mundo”. “todos”. 

 

Por supuesto que hay que tener en cuenta también a los judíos; pero el territorio que habían ido conquistando los cristianos no era ni había sido nunca territorio judío, por lo que no se justificaría su inclusión en esa frase copulativa, que resume las dos tendencias religiosas que luchan una contra la otra. Ignorar la profunda dimensión religiosa que impregna la historia, en el caso occidental al menos hasta el triunfo de la Revolución Francesa (1789), lleva a no comprender nada de lo que ocurre. 

 

Por desgracia, un grupo de historiadores, más preocupados por el rencor presente que por la realidad histórica, introducen una discusión supuestamente terminológica, difícil de justificar si se atiende simplemente a la lingüística histórica, a la semántica histórica, más concretamente.

 

¿No han hecho nada los cristianos y musulmanes durante ocho siglos más que conquistarse y reconquistarse mutuamente en una guerra interminable? ¿Cómo y cuándo floreció entonces la urbanidad andalusí, amén de la arquitectura, la ingeniería hidráulica, la literatura, la medicina, la astronomía, con su máximo exponente, siglos más tarde, Alfonso X el Sabio, así como la jardinería, la botánica,…? A propósito de la astronomía, un cráter en la luna lleva el nombre de un astrónomo andalusí toledano.

 

Cristianos y musulmanes colaboraron mucho durante esos siglos, en los que también se combatieron. Conviene recordar que ambos grupos proceden originariamente de una misma cultura, la grecolatina. Los primeros conquistadores de Alandalús eran o bien bereberes magrebíes latinizados (los más) o bien árabes sirios o yemeníes herederos de la cultura grecolatina, sobre todo griega, que tenía su centro en Damasco. Cuando se visita esa maravillosa ciudad, desde España, no se siente en un lugar ajeno.

 

Prescindiendo de alteraciones superficiales modernas, un paseo por Damasco de noche deja la misma honda impresión que un recorrido nocturno por Granada, Córdoba o Sevilla y esa impresión no se debe sólo al añadido musulmán, sino a la fuerte impronta clásica greco-latina, al menos en mi sensibilidad, muy matizada por el contacto con la cultura árabe de gran parte de mi vida; pero española en su origen.

 

¿Era el factor religioso el único motor de la lucha? ¿Si es así cómo se explica que hubiese reinos moros aliados de reinos cristianos contra otros reinos moros; y viceversa, reinos cristianos aliados de reinos musulmanes en contra de sus hermanos cristianos. El rey de Asturias, Mauregato, no es el único ejemplo en este sentido.

 

Oro, honor y religión son los tres factores de la “Reconquista” y de la “Conquista” de las Indias Occidentales (luego América). Reconozcamos que, frente a la época actual, en la que parece que lo único que realmente importa es el oro, la dimensión espiritual tenía una notable fuerza. Hay toda una tradición literaria española, la de la maurofilia, en la cual se destaca el honor como característica del musulmán enemigo, al que se honra, del mismo modo que hay una maurofobia, que insiste en los aspectos negativos de ese mismo enemigo. 

 

Es necesario destacar también que, frente a la importancia fundamental que se da hoy día al diálogo, sobre todo por la parte cristiana, en esos siglos se consideraba imprescindible la conversión. Para un cristiano hasta hace no tantos años, no bastaba con ser un buen musulmán para salvarse e ir al cielo, era necesario hacerse cristiano, había que convertirse. El conquistador cristiano, en España o en las Indias, tenía que convertir al otro, fuera musulmán, judío o indio idólatra. Los musulmanes lectores podrán preguntarse cuál es su actitud frente a la salvación, la propia y la de los no musulmanes.

 

Hablemos de otro tema espinoso, la inquisición. Es evidente que esta institución no nació en España, sino en Francia y fue instituida en el siglo XII por el Papa Lucio III como un instrumento para combatir la herejía cátara en el sur de Francia. En principio, no implicaba ni a musulmanes ni a judíos, ni iba contra ellos. ¿Cómo ha llegado la inquisición a asociarse intrínsecamente a España? ¿Por qué España concretamente y no Italia, ni Grecia, por ejemplo? ¿Ha tenido la pureza de la sangre y de la fe algo que ver con todo esto? 

 

Hay otro error grave en la interpretación de la Inquisición, una institución muy alejada de nuestra sensibilidad; pero muy incorrectamente interpretada. La Inquisición garantizaba un juicio, algo que no siempre estaba asegurado en otros casos. Tenía que haber una acusación y una defensa. Por supuesto, como todo en esos siglos, era una institución basada en la creencia religiosa generalizada. La sensibilidad religiosa cristiana actual, al menos la occidental, es muy diferente, de manera que es mucho más fácil ver los defectos del sistema que sus ventajas. 

 

Jurídicamente, el tribunal inquisitorial estaba bien constituido, el acusado tenía garantías. Otra cosa es que los comportamientos humanos afectaban negativamente al sistema. Negarlo es como negar hoy la existencia de jueces prevaricadores, de fiscales indignos y abogados indecentes. He tenido la oportunidad de dirigir tesis doctorales sobre documentos inquisitoriales y he leído por tanto varios procesos. Lo que más llama la atención no es la supuesta crueldad del tribunal, sino la enorme cantidad de casos en los que lo que se juzga es una simple alteración psicosomática.

 

Uno de sus aspectos negativos es, sin duda, su uso para establecer una división entre cristianos viejos (de sangre “pura”) y cristianos nuevos (sobre todo judíos conversos; pero también musulmanes). Esa distinción tenía implicaciones económicas y sociales, además de las religiosas: religión, oro y honor, los tres factores que lucharán se opondrán y se complementarán durante siglos.

 

Y para finalizar y volver al presente, después de esta interesante inmersión en la historia antigua, usted, a pesar de interesarse por la historia, la historiografía crítica y la arqueología del pensamiento, se ha volcado también como investigador y como lingüista sobre la actualidad. De hecho, usted es uno de los primeros en fundar un laboratorio de lingüística computacional en España, en este caso en la Universidad Autónoma de Madrid. ¿Háblenos, por favor, del panorama lingüístico actual y sus tendencias con perspectiva al futuro? ¿De la lingüística y su relación con la Inteligencia Artificial? ¿De la velocidad vertiginosa con que avanza este tema, todavía me acuerdo del etiquetado de CORDE cuando todo lo hacíamos manualmente y por despiste perdíamos más tiempo revisando que avanzando con el etiquetado? ¡Háblenos de este pasado que, aunque reciente, parece prehistórico y de los avances actuales! 

 

He dedicado bastantes páginas a la historia (o pre-historia) de la lingüística computacional o las humanidades digitales en España. Tuve la fortuna de tener una base matemática suficiente, en los inicios, en los años setenta, hasta entrados los ochenta. Personalmente, me interesaba sobre todo la posibilidad de aplicaciones a la Filología y por eso me metí de cabeza en proyectos como ADMYTE, el Archivo Digital de Manuscritos y Textos Españoles, que permitía unir imagen y texto y garantizaba la posibilidad de llegar a transcripciones perfectas de un texto, para su correcto estudio lingüístico histórico o como la edición digital con todo el aparato crítico, como hice con el Libro de Alexandre. Como desde muy pronto en mi carrera me dediqué a la traducción, el paso siguiente fue pasar a la traducción por ordenador y a la lingüística computacional, que tenía la ventaja de que eran proyectos con equipos grandes, que daban trabajo a mis estudiantes y les abrían unas perspectivas que iban mucho más allá de las que la Filología ofrece. 

 

Pude abrir así una línea de la que se han beneficiado docenas de estudiantes y que sigue viva en la Universidad Autónoma de Madrid, bien llevada por Antonio Moreno Sandoval. Pero inmediatamente es necesario decir que buena parte de los trabajos de corpus de la Real Academia Española deben mucho a otro de mis alumnos, Fernando Sánchez León. Otros antiguos alumnos (y también alumnas, no las olvido) han creado sus propias empresas, trabajado para la RAE o para otras instituciones y han logrado un equilibrio económico y profesional notable. Estoy muy agradecido a las oportunidades que las humanidades digitales me han ofrecido y en las que sigo trabajando, regresando con ellas a mis orígenes filológicos.

 

El paso siguiente es la Inteligencia Artificial, la gran desconocida de los humanistas, como lo fue en tiempos la Lingüística Computacional. Igual que entonces, o se simplifica mucho o se exagera mucho, cuando se sabe poco. 

 

Detrás de todos los avances de la ciencia, para bien o para mal, siempre hay un cerebro humano. Claro que una máquina puede hacer operaciones muchísimo más deprisa o comparar millones de palabras sin cansarse o incluso aprender de sus errores y experiencias; pero no tiene identidad propia, no puede ni siquiera plantearse la pregunta sobre su identidad, que es la pregunta humana básica: ¿Quién soy?

 

 

Primera parte de la entrevista:

https://mares30.com/francisco-marcos-marin-la-historia-de-espana-se-puede-entender-y-quizas-mejor-de-sur-a-norte/

Categorías : Cultura Entrevistas